¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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La otra primavera Por: Delfina Acosta

Muchos años atrás, cuando los jóvenes enamorados se daban besos –me incluyo entre ellos– celebrando el día de la primavera, me quedaba pensando en las personas mayores, y me decía, viendo la flaccidez de sus carnes, que yo estaba a salvo de esa miseria, porque aún no había cumplido los veinte años, y era lista, y atrevida, y tenía el tiempo a mi favor.


Ah..., cuánto tiempo a mi favor tenía. ¡Entonces!

Y observaba a los hombres y a las mujeres que ya no poseían esa luz de mariposa en vigilia en sus ojos, y no entendía del todo por qué tenían que pasar al otro estadio de la vida, al otoño, y después al invierno.

Y ahora que a mí me toca ser otoño, esencia, flujo, carácter y reflejo del otoño, no encuentro la diferencia entre ellos, los jóvenes de cuerpos gráciles y robustos, y yo.

No es el rostro. No son las figuras que van mostrando las delicadezas de las formas bajo la luz de la Luna plateada, no son los cabellos renegridos, ni son los ojos como puñales, ni tampoco son las manos gráciles.

No.

Son las muchas voces de nuestro espíritu fortalecido en la experiencia, en esto de ir viviendo, según pasan los días, las que liberan nuestros conocimientos y nuestras potencias para seguir gozando de la existencia.

Y a veces, viendo a tanta juventud, a tantos polluelos, perderse en las sombras para ser devoradas por la nada de la vida, me digo que también los jóvenes son viejos, que también a ellos les llega, por caminos inesperados, la fermentación de la muerte.

Hemos aprendido, los que ya pasamos la barrera de los cincuenta años, que la vida siempre se renueva. Que todo –aún los mismos sufrimientos– es el primer ensayo dentro de los códigos de la convivencia. Que el cabello ceniciento que peinamos es nuestra corona, finalmente.

Ah... la vida que respiramos. El aire que llega a nuestros pulmones. El amor que nos tienta con sus racimos tan frescos.

No hay angustia mayor que la brevedad de ánimo.

El tiempo no cuenta.

El tiempo es una esfera luminosa encerrada dentro de un reloj de mesa de luz para todos los que sabemos que nos renovamos cuando nos vamos a trabajar.

Y el trabajo se convierte en nuestra segunda mano después de haber entendido los secretos de la naturaleza que también trabaja, incesante.

Meditamos y encontramos que la paz gira en función de nuestros actos.

No nos merma el frío.

Son los otros, los jóvenes sin ideales los que sienten frío.

Nosotros sonreímos con ternura ante el paso del tiempo pues capitalizamos nuestros sueños.

Hicimos lo que deseábamos hacer a costa de muchos sacrificios.

Formamos una familia.

Los seres humanos nos han agraviado, a veces, pero fue más grande nuestra tolerancia, o nuestra inteligencia, y hemos entendido que las blasfemias son solo malos vientos.

Los sueños nos sorprenden diariamente. Estamos por nacer siempre, en cada mañana. Contemplamos con una sonrisa en el rostro a nuestros nietos. Hemos peleado la buena batalla. Sonreímos sin enojo cuando no quieren ellos, los jóvenes, oír nuestra conseja. Ya aprenderán

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