¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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Ernesto Sábato dentro del túnel de Castel

Ah... el nihilismo de Ernesto Sábato. Cuánto placer sentía yo al leer su breve pero cotundente libro El túnel. Cuántas palabras severas, llenas de desprecio contra el género humano, se deslizan por las páginas de la obra, que hasta hoy sigue vigente, pues sus valores artísticos son incuestionables. Es que Castel, el pintor que había asesinado a María, la única persona que había llegado a interesarse por la mujer de la ventana de su cuadro llamado “Maternidad”, expuesto en el Salón Primavera, es que Castel, decía yo, había nacido para negarse la felicidad por culpa su personalidad obsesiva.


En los párrafos finales lo explica muy bien: había pasado su niñez, su juventud, su existencia, en un túnel oscuro, prisionero de sí mismo, y tan lejos de los demás, de los otros, de María, que no podía ser en su existencia sino una alucinación del amor.

El lenguaje perfecto (Ernesto Sábato era un perfeccionista) afirma la categoría de la obra del autor.

Me quedé hechizada por el desprecio con que Castel observaba al mundo. Encerrado en su túnel sicológico, miraba con desprecio la vida que transcurría con su intrascendencia de mosca, alrededor de él.

El amor, el repentino sentimiento amoroso que despertó María en él, hizo que el protagonista de la novela se hundiera aún más en ese abismo que era su existencia. ¿Puede el amor salvar a un artista, en este caso un pintor iluminado por la fama, que ha de renegar y desconfiar siempre de todo, aun de la más ínfima demostración de cariño y ternura?

Me hace gracia recordar, también, el sentimiento de odio que Castel tenía para con los críticos de arte. Oh..., aquellos habladores, que todo lo enredan y todo lo someten al juicio de la “razón”, para apartarse más y más, entonces, de la verdadera belleza de una obra de arte.

Pero Castel, el artista, sentía verdadera bronca contra los críticos elogiosos, los que haciendo alarde de un elevado conocimiento, llevaban la obra a un análisis complejo, a una suerte de cirugía, dejando en oscuro lo que debía estar claro.

El túnel tiene un lenguaje artístico de grandes revelaciones.

Castel es un ser humano que, anulado por su naturaleza obsesiva, nos va contando no solamente su historia, la historia de su crimen que cree justificado, sino la historia de la obsesión, cómo ella se desenrosca ante la primera oportunidad y cómo, no contenta con destruir a su víctima, o sea, al obseso, va abriendo sus tentáculos, sus hermosas y horribles flores devoradoras, destruyendo otras vidas.

Delfina Acosta
ABC digital
20 de Marzo de 2010

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