¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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Hoy Soy Feliz De:Caterina Franco Runca


Era un día como cualquiera que hubiese vivido antes, el intolerante calor, el aire sobrecalentado, el impetuoso sol. Todo apuntaba a una fatiga bochornosa que oprimía mi cuerpo con ganas de no existir ahí, con ganas de estar en mi cueva fresca y oscura, que sólo ilumina mi rayito de cielo y el ángel que siempre me esperan. Creo que ya es demasía en preámbulo para este relato, al grano. Ella era un alma errante como cualquier otra, sin embargo, algo desvió mi mirada hacia ella.


Suelo observar a menudo a las personas, hadas y genios por igual, tal vez fue su tez blanca o sus pechos descubiertos hasta la mitad danzando con su caminar, efecto de la gravedad; no sé, tal vez percibí cierta melancolía en su postura y andar. De repente capto mi mirada, un tanto observadora, un tanto morbosa. La mire, me miro, sin más relevancia giramos la mirada a otros ángulos. Dicen que los ojos y la mirada son la ventana del alma, hasta ahorita así lo comprendo, aunque no son ventana ni espejo de las intenciones.

Abordé el carruaje, lo más parecido a una calabaza de nuestro tiempo, una rata lo iba maniobrando, y varias almas vagabundas nos transportábamos allí. La vi subir seguía enfocando mi mirada hacia ella, me hacía sentir tristeza, melancolía y hasta cierto punto dolor, algo que en lo personal me agrada y me provoca placer; ¿sadismo? Jajá tal vez. Tomamos camino rumbo a otro destino de abordaje, en el trayecto estuvo frente a mí, incitando mi mirada y yo tratando de hacer contacto visual con ella.

En un momento se cambió de lugar al asiento de lado. No podía desviar la mirada aunque había otros entes y formas de comportamiento más que analizar. Venía haciendo movimientos con sus labios; por ciertos gruesos y carnosos, color rosa como para tomar de ellos un beso, una mordida y romperlos con los dientes. No pude descifrar bien sus palabras, aún no sé neurolingüística, pero sonaba algo así: ¿Por qué a mí?, ¿Qué hice mal yo? Fue lo único que logré captar antes de distraerme con el cristalino fulgor nostálgico que llenaba sus grandes ojos negros, adornados con pestañas retocadas pésimamente con rímel barato cual espinas filosas adornan una rosa negra y consumida.

Quedé impactado, me impresiono porque al ver ese hecho, algo de ella quedó adherido a mí, me transformé de nuevo, saque de mis adentros a ese ser triste y melancólico que muchas veces eh logrado reprimir y otras no tanto. Fue ineludible ver correr esa gota de sal, como si fuese una navaja, esa lágrima de cristal por su rostro, por un momento la imagine hecha con sangre del alma en vez de solución salina, el cuadro fue helenístico, su rostro blanco con alguna que otra peca o mancha, pintada con una lágrima, que para mí, era color carmesí.

Sentí que a cada milímetro que recorría de su rostro, lo hacía al mismo tiempo abriendo una grieta en su alma. No pude evitar sentir compasión por esa pobre hechicera y me comíseme.

Pensé en darle un paño que retuviera su dolor y la secase por un momento de su amargura, también pensé sacarle alguna charla agradable para que olvidase un momento lo sucedido, o simplemente recitarle alguna frase de las tantas que suelo recordar para estos momentos, para que le diera ánimos y aliento. Pero aún me reprime la etiqueta que pudieran ponerme los que viajaban con nosotros en la calabaza.

De vez en cuando privaba en llanto, y dejaba destilar más lágrimas de cristal de sus pozos de luz por su linda mejilla blanca, con toques coral en los pómulos por el calor. Cerraba sus ojos oprimiéndolos para resistir el dolor que para entonces yo supuse que era una estocada a su corazón hecha por algún mal caballero como fui yo una vez hace muchas lunas. De esas heridas que son las que más duelen y que nunca cicatrizan aunque cierren. Saco un aparato el cual se utiliza para comunicar varias palabras con algún mortal.

Tal vez era para ese ente que fue el causante de su hirviente padecimiento, lo digo así porque al momento de ingresar cada carácter lingüístico… Cerraba sus ojos y derramaba un río de diamantes color rubí, como soportando la agonía provocada por cada palabra, que pareciera ser, enterraban más las espinas que crecieron alrededor de su corazón oprimiéndoselo. Pensé entonces en hablarle de nuevo, pero de nuevo mi cobardía me lo impidió. Para completar la escena, de fondo una melodía comercial de unas hermanas que suelen cantar, trataba de un adiós profundo y sin razón, de un adiós de esos que son para siempre y que puedes ver a diario al causante de ello.

Fue demoledor el efecto de esta tonadilla para su estado de ánimo; ¡pobre alma! Llegue a mi destino temporal ya que no puedo estar ni existir en un sólo lugar, me dispuse a descender de la hortaliza andante y por fin le di el paño de papel donde depositaría su dolor. Sólo dijo: ¡gracias!, con una voz dulce y tierna, quizá un tanto melodiosa, con necesidad de afecto, temblorosa y quebrada. Tal vez fue tantos recuerdos que se vinieron a mi mente al ponerme a verla, tantas vivencias del mismo dolor, un espejo de algún pasado doloroso que quisiera olvidar, y nunca acordarme más.

Un pasado donde tal vez como hoy alguien admiró mi dolor y recuerda mi funeste rostro marcando la muerte dentro de mí, como yo recordaré a esta chica, tal vez hice mal o tal vez bien… Aunque creo que hubiese sido mejor haber roto esa barrera de una sociedad señaladora, y decirle algo que le sirviera más que una servilleta, es lo que me hubiese gustado que hicieran conmigo; pero no fue así. Las cosas pasan por algo supongo. Estamos aquí para sobrevivir con o sin alguien que nos acompañe o nos proteja, con o sin apoyo, ahora pienso que ella tendrá que forjar su destino a como yo forje el mío a toda costa, pero bueno ya no importa hoy soy feliz.

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