¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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Silvina Ocampo regresa a las librerías con "La promesa” su única novela, acaba de agotarse en Argentina



Ya muerta, la escritora regresa a las librerías con “La promesa”, su única novela, cuya modesta primera edición acaba de agotarse en Argentina.



Fue esposa de Adolfo Bioy Casares, hermana de Victoria Ocampo y confidente de Jorge Luis Borges. Es decir, vivió eclipsada por todos lados. Y sin embargo, ya muerta, Silvina Ocampo regresa a las librerías con “La promesa”, su única novela, cuya modesta primera edición acaba de agotarse en Argentina. Novela un poco menos breve que los cuentos que le dieron alguna fama y que por “impaciencia”, raramente superaron las cinco carillas. Cuentos luminosos y extraños. Como esta novela “fantasmagórica” que escribió durante buena parte de los 90 años que le toco vivir y que aparece casi veinte años después de su muerte.



El libro comienza con una casi imposibilidad: una mujer cae al agua desde un barco y, para mantenerse a flote, hace la plancha durante horas, quizás durante días. Para mantenerse ocupada empieza a recordar. Y esos recuerdos deshilvanados son la novela en la que el hombre y la mujer y las bestias y las cosas, son menos importante que sus circunstancias. Así aparecen imágenes certeras y sentencias exactas: “¿Qué es enamorarse? Perder el asco, perder el miedo, perder todo”, “todo lo que sucede me gusta para poder contártelo después” “cuando un hombre no ama, se vuelve torpe para abrazar. Los brazos y las piernas le sobran, se llena de huesos, de codos, de rodillas. Es casi imposible que pueda producir un orgasmo. Antes se deslizaba como el agua sobre mí, ahora me lastima”.



Y en la novela aparecen niños que disfrutan de un tiempo de doble ancho como los "géneros de tapicería” y fieras que acechan desde las calesitas, y manzanillas que excitan el insomnio. Como en todas sus obras, Silvina sacrifica la erudición a favor de maravillas y espantos que nacen de las cosas más cotidianas. A partir de esa “fusión de lo esotérico con lo accesible”, Ocampo ha escrito algunas de las páginas mas originales y menos frecuentadas de la literatura argentina. Su primer libro de cuentos, Viaje olvidado, lo publicó a los 36 años. Hasta entonces, y por pudor, se había dedicado a la pintura y al dibujo y guardaba esos textos por los que más de un palabrador afortunado hubiera vendido el alma. Luego llegaron Autobiografía de Irene, Y así sucesivamente…, y Cornelia en el espejo, entre otros cuentos que pueden encontrarse en las Obras Completas publicadas hace ya tiempo por la editorial Emecé. Allí es posible encontrar a una escritora difícil de clasificar, una condición que se agradece en estos días de mujeres escritoras a las que resulta difícil distinguir una de otras.



Dijo Borges sobre Ocampo: “Hay en Silvina una virtud que se atribuye comúnmente a los antiguos o a los pueblos del oriente y no a nuestros contemporáneos: la clarividencia. Más de una vez, y no sin un poco de aprensión, la he advertido en ella. Nos ve como si fuéramos de cristal, nos ve y nos perdona”.



Antes de terminar su única novela, Silvina –quien en su personaje de la náufraga se encomienda a Santa Rita para que la salve y le permita escribir su diccionario de recuerdos- ratifica su esperanza en la bondad de las personas. “No creo en la horrible apariencia de los hombres, en los más malos, en los más injustos. Hay momentos en que una luz perfecta los ilumina y prefieren morir a los pies de la inocencia o de la inteligencia. Cualquiera de las dos nos salva, aunque nadie lo crea”, dice Silvina.



Y nosotros, sus lectores, le creemos. Y si no le creemos no importa demasiado. Porque ella, se sabe, nos ve y nos perdona.



Por: Por Leonardo Pereyra, de la redacción de El Observador


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