¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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Relación de amor - Nuria Barbosa León

Fue un día a pleno sol, en el verano cubano donde las nubes se esconden, el calor se multiplica, la tierra hierve y el polvo se expande.
Yunior, de cinco años, destellaba emoción, haría terapia con un caballo. Su ceguera congénita lo privó de conocer los animales y las plantas pero tampoco distinguía los colores, las figuras, el brillo, la oscuridad, necesitaba entonces, palpar, oler o degustar.
Imaginó los caballos como héroes de guerra o compañeros de trabajo, según las historias narradas, pero también lo pensaba dócil, obediente, amigo en cualquier circunstancia, fiel y cariñoso.
Su maestra, los médicos y terapeutas, de la escuela especial Abel Santamaría de la capital cubana, explicaron en clase de los beneficios de la equinoterapia, todo consistía en algunas horas de ejercicios junto a un caballo.
Al llegar al lugar, su agitación creció porque sintió el trote y le presentaron el animal nombrado Nevado, de raza Appaloosa.
Fue suficiente que la mano infantil diera unas palmaditas en el lomo, acariciara el hocico y le dijera unas palabras cariñosas para que el caballo brindara amor.
El domador Luis Alfonso Cruz Rodríguez, en ese primer día le enseñó la monta, pero para Yunior no era bastante, necesitaba más y el caballo le brindó confianza y sin que nadie lo percibiera se puso de pie a todo trote, dejando confusos a los presentes.
Luego vinieron muchos días y largas sesiones, hubo una relación de afecto entre ambos. El niño jugaba y el caballo permitía todo tipo de acrobacia sobre su lomo.
No sería fácil explicar por la ciencia por qué, después de una estrecha relación que duró 11 años, el animal murió ciego y el niño se llenó de fortalezas.

Nuria Barbosa León


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