¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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Figuras de la lírica uruguaya: Jorge Botto

Evocaciones líricas


Tomado de una serie de notas publicadas
por José Luis Pomi
en Informe Uruguay

Quienes tenemos más de 40 años dentro del Teatro Lírico de nuestro país mantenemos vivo, el recuerdo de muchos artistas desaparecidos, que contribuyeron con su presencia y capacidad, a imprimir a las temporadas en las que actuaron, un permanente y renovado interés artístico.

JORGE BOTTO - barítono
 
Fue uno de los cantantes uruguayos más calificados de su generación.
Sus primeros pasos los realizó en el Coro Universitario que dirigía la Prof. Nilda Muller. Estudio canto con la famosa soprano Ninon Vallin, y el no menos famoso Victor Damiani. Fue alumno egresado de la Escuela de Opera del SODRE.

En el año 1955 debutó con LA NOVIA VENDIDA, en un espectáculo organizado por el Centro Cultural de Música.

Durante mas de 20 años, intervino en las temporadas líricas de Montevideo, donde abordó un buen numero de grandes roles, a veces recorriendo un repertorio de fuerza que no era el medio más adecuado para su voz.

Su voz era de gran belleza, y poseía una línea de canto de notable pureza, que desarrollaba con gran autoridad musical y estilística. Esto no fue lo único admirable de este artista.

También sus condiciones de actor, lo mostraban evidentemente con un estudio profundo y sicológico de los personajes a interpretar. Su prestancia y su elegancia escénica, fueron rasgos muy salientes en su carrera. Su figura se adueñaba del escenario. Fue también, un distinguido liederista e intérprete de oratorios.

Quizás la caracterización más saliente fue la disciplina que se impuso.

A partir de 1973, integró el elenco estable del Teatro Colón de Buenos Aires.

De su variado repertorio, recordamos sus mejores actuaciones: Silvio de I Pagliacci, Enrico de Lucia, Sharpless de M.Butterfly, Ford de Falstaff, Conde de Luna de Il Trovatore, Don Giovanni, Germont de La Traviata...

Pero sus grandes éxitos, fueron Orfeo y el Marcello de La Boheme, su ópera consagratoria.

Como cantante sobresaliente, poseía un talento histriónico formidable; de alli que dentro de la extensa lista de roles, desempeñó un personaje bufo que fue su preferido y más querido: PIMPINONE. En esta obra, que realizó junto a su esposa la soprano DIANA LOPEZ ESPONDA, y con la dirección escénica de JUAN JOSE BRENTA, Botto demostró una deslumbrante batería de recursos actorales con un grado de refinamiento excepcional, y con una musicalidad admirable y sincera. Recordemos a los partiquines que hicieron la delicia del espectáculo, el tenor Juan Carlos Taborda y los mtros. Miguel Patron Marchand y Fernando Puiggros.

Luchó durante más de 10 años con una cruel enfermedad, a la que se imponía con tesón y valentía.

Le vimos sus últimas actuaciones: La Vie Parisienne y Crispino e la Comare, en el Teatro Alvear de Buenos Aires, le encontramos con un desgaste verdaderamente doloroso. Sabía que llegaba su final.

Se cumplen en el 2009, 30 años de su desaparición. Con ella la Lírica Nacional perdió a unos de hijos más ilustres y más completos.

En lo personal, su alejamiento nos arrebató: al maestro que nos enseño los primeros pasos en las tablas, al luchador e incansable propulsor de las temporadas líricas; al hermano como mutuamente nos tratábamos; al noble y leal amigo que estuvo a nuestro lado en momentos difíciles con acrisolado desinterés; al ser humano al cual trasmitíamos nuestra fe cristiana, ayudándolo a sobrellevar tan injusto destino.

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