¿Si quiero café? Quiero, y ya lo voy a pedir. Pero por suerte no necesito que me invites. Poco a poco los problemas se van solucionando. Esperame un momento.
Ya está. Ahora Juan Domingo me lo trae.
Cambié de idea. Iba a seguir con la novela pero después de ver el marco natural que nos rodea todo me lleva a recordar que hoy hace justo dos años que llegamos a Esquel. Todo fue muy difícil pero cada día más Olga y yo sentimos que tomamos la decisión correcta cuando decidimos, contra todas las opiniones, venir a vivir lo que nos quede en este lugar del mundo.
Aqui viene Juancito. ¿Cómo andás, muchacho? Dejá el cafecito por aquí. Gracias.
¿Nos acercamos a la vidriera? ¿Ves? Las mejores cosas de la vida son gratis. Es que no habría dinero suficiente para comprar un paisaje así con esas nubes densamente grises arremolinadas sobre los picos nevados. Fijate allá, en La Hoya. Ya muchos de mis alumnos están pensando más en el esquí que en la escuela.
Volvamos a la mesa porque el café se me enfría.
Es así. No podríamos comprar una maravilla como ésa, como no podemos comprar la sonrisa de un niño ni una caricia de amor sincera.
Ya me estoy yendo, nomás - como decía alguien en una antigua telenovela. Pero antes te dejo otro de mis recuerdos para la futura novela. Es que vos tenés mejor memoria que yo. No traje el cuadernito pero recordámelo la próxima.
En el hotel que de dije, el que quedaba frente al lugar donde estaba yo internado, ... Sí, ése donde el médico hacía sus shows matinales, encontré en algún momento al tipo hablando con otro hombre delgado con acento gallego. Resultó ser, según me enteré de alguna forma, el dueño de un hotel llamado "Esquel" que quedaba en la vereda opuesta. Era un edificio de cuatro o cinco pisos con un cartel grande en su frente.
Como siempre, yo buscaba sponsors para nuestros blogs y entonces traté de llamar su atención para que trabara conversación conmigo. Fue muy gracioso. Me puse a canturrear canciones gallegas que aprendí de mis abuelos. Sí. Ondiñas veñen... y alguna otra. Para que se aproximara, por supuesto.
Después de cantar como una docena, o en realidad las mismas varias veces, ví de reojo que estrechaba la mano del médico y venía en mi dirección.
Me preparé para el encuentro pero el tipo solamente me toco el hombro, me dijo algo así como "Muito bonito" y luego cruzó el hall y salió por la puerta hacia la calle.
Nunca más lo vi y ni siquiera sé si algún gallego es realmente dueño de un hotel en Esquel o de alguna cabaña o de algo. Pero me sentí tan desilusionado cuando fracasó mi intento de contacto que hasta sentí enojo por el pobre hombre que, en todo caso, no había hecho nada malo.
¿Qué te reís? ¿Pensabas que cuando uno se muere o algo así solamente pasan cosas terribles o cosas espectaculares? Pasa de todo. Y tengo otras peores para contarte. Ya vas a ver.
Bueno, ahora sí me voy. Paso a pagar el café y me voy corriendo hasta el Correo.
Nos encontramos en cualquier momento.
Chaucito.

