¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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Te amaré

Foto: Silenciosamente entraste en mi vida, 
despertastes en mi corazón, 
una chispa de amor por ti,
entraste en mis sueños de golpe 
llegaste a mi vida cuando menos lo esperaba
supiste tocar la puerta de mi corazón 
trajiste con tus pensamientos a mi... 
la alegría y la llegada de del amor, 
con cada amanecer pienso en ti y tu amor
en cada anochecer me acuesto contigo soñandote 
donde yo vaya, conmigo vas....
aunque lejos estoy de ti te amo con toda mi alma
y te amaré hasta el mas allá eternamente.
Silenciosamente entraste en mi vida,
despertastes en mi corazón,
una chispa de amor por ti,
entraste en mis sueños de golpe
llegaste a mi vida cuando menos lo esperaba
supiste tocar la puerta de mi corazón
trajiste con tus pensamientos a mi...
la alegría y la llegada de del amor,
con cada amanecer pienso en ti y tu amor
en cada anochecer me acuesto contigo soñandote
donde yo vaya, conmigo vas....
aunque lejos estoy de ti te amo con toda mi alma
y te amaré hasta el mas allá eternamente.
De:
ELFOS,HADAS Y UN MUNDO MAGICO
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Daniel Anibal Galatro (escritor): Nos crece la familia

Daniel Anibal Galatro (escritor): Nos crece la familia: Casi con el comienzo del siglo nos llegaron los primeros nietos: Ian y Juani. Y en ese momento tan especial de nuestras vidas me surgió ...

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Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 29 - Conclusión

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 29 - Conclusión: Ya mis recuerdos más firmes y claros se han convertido en palabras, merced a estos apuntes. Es tiempo, entonces, de ponerles un punto fina...

Solo quise ser sueño



"No ocurre muy seguido que en la vida uno sueñe algo inolvidable, pero hace tiempo te soñé y no puedo sacar eso de mi vida y de mi sangre"…
****
Solo quise ser sueño, solo aire y vuelo, alas que me lleven tan lejos como viva, tan cerca como sienta ser atrapada de caricias.

Solo quise ser sueño y llevar la luz a la noche donde se esconden los miedos, acercar la luz a quien lo pida y a todos la vida.

Aprendi abrazar las estrellas y compartir los años de sueños desde el rocio que baña mi casa y sin más seguiré rociando de letras las vidas de mi misma, de quienes me leen y me quieren

Yo solo soy alguien que un día encontró un blanco papel y lo quiso hacer de color de sentimientos reales e imaginarios ..
***
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Recuerdos de mi muerte - Apunte 28 - Los dos Moisés

Recuerdos de mi muerte - Apunte 28 - Los dos Moisés



Lo que aquí voy a intentar transcribir de mis recuerdos es algo que me ocurrió en un momento en el que quizá transitaba justamente la frontera entre la vida y la muerte. Porque es una de las pocas cosas en las que se mezclan la realidad que Olga sufría desde afuera con las imágenes que se formaban en mi mente.
Es por eso que transcribiré lo que ella escribió en su relato antes de complementar con lo poco y no muy claro que me quedó grabado.
Aquí está ese fragmento de lo tan estremecedor que ella escribió sobre esta "muerte" o, más precisamente, "casi muerte" mía.
---
"Ya era la hora para entrar. Me coloqué el uniforme esterilizado al que ya estaba acostumbrada. Me fui acercando hacia su cama. Mientras me aproximaba lo notaba ansioso, nervioso. Sólo miraba mis manos para ver si traía la Biblia. Los dos estábamos nerviosos, porque yo no sabía con qué me encontraría.

Me hizo una seña y le coloqué los anteojos como él me pidió. Movió la cabeza rápidamente y se los quitó porque no veía nada. Yo no sabía qué hacer porque tampoco sabía qué leerle. Lo que menos imaginé fue que él me diría donde detenerme y qué leer.

Casi balbuceando, Dany se agitó mucho al hablar. Y con la mascarilla era muy difícil poder entenderle. Estaba asustada. No le comprendía nada, tenía miedo de hacerle mal. Supuestamente era él quien me leería algo a mí y por eso me pidió los lentes, cosa que no ocurrió porque me pidió que fuera yo quien lo hiciera.

Nunca olvidaré esa experiencia. Tomé la Biblia y le fui diciendo los nombres de los sucesivos libros. Así él me guiaría para indicarme dónde detenerme. Con movimientos de cabeza me señalaba que pasara páginas. No sabía dónde leerle, qué leerle, cuál era el lugar.

Cuando llegué al Éxodo y al título que expresaba “Moisés huye de Egipto”, muy nervioso me dijo que era ahí, que leyera eso.

Pero lo que más me impresionó es que él iba repitiendo renglón por renglón lo que yo leía. Le costaba muchísimo trabajo porque se agitaba. Yo quería que descansáramos pero él pedía que siguiera leyendo.

Cuando terminamos, me llamaron la atención varias cosas.

En primer lugar, el pasaje, porque se refería a Moisés y así llamábamos a un pastor amigo que con Daniel se habían adoptado mutuamente como padre e hijo. Dany había venido a paliar de alguna forma la pérdida del progenitor del pastor ocurrida en circunstancias dramáticas cuando tenía apenas diez años. Ese vínculo filial reciente se había hecho y sigue siendo muy profundo. Y este amigo estaba atravesando muchísimas pruebas en esos días, y el pasaje bíblico era un mensaje para él o al menos eso me parecía. Le pregunté a Dany el por qué de ese mensaje y muy suavemente mencionó el nombre del pastor, confirmando que era realmente para él.

Otra cosa que me llamó la atención fue que mientras yo leía él también parecía hacerlo, ya que tenía la mirada en un punto imaginario donde sus pupilas iban de un lado a otro de ese punto como si estuviese leyendo. Con el tiempo, Dany me confirmó que sí estaba leyendo ese pasaje a la par mía en una Biblia grande y antigua que me describió en detalle."
---
Este relato de Olga fue escrito un tiempo después de mi - de nuestra - extraña experiencia. Fue escrito desde el corazón, y por eso nos sigue resultando conmovedor hasta las lágrimas cada vez que intentamos volver a leerlo. Lo ha publicado completo en:
http://losescritosdeguerreradelaluz.blogspot.com.ar/2012/05/el-dia-que-el-murio-y-yo-lo-vi-una.html

Porque por fuera de mí, en la llamada "realidad", las cosas iban muy mal y tomaban el aspecto de lo irremediable, y así ustedes o yo mismo podemos intentar comprender aunque solamente sea un poquito esto que me - nos - ocurrió.
Cuando entré en el coma inducido lo hice con algunas preocupaciones que hasta ese momento venía trayendo en algún lugar de mi mente. Entre ellas estaba el tema de que mi amigo pastor había decidido mudarse con su familia a otra ciudad. Todos los que los queríamos bien deseábamos que no se fuera, pero la decisión ya la había tomado y en un momento suficientemente profundo de mi sueño eso estalló.
Recuerdo que de pronto me di cuenta de que este "Moisés" amigo debía tener relación muy directa con el escritor de los primeros libros bíblicos. Y fue entonces que pedí ese Libro, en mi devaneo fuera del cuerpo pero, según Olga refleja, también en esa realidad externa que ella y muchos otros veían.
Sentí que depositaban sobre mis muslos recogidos un gran volumen que lucía muy antiguo. Sus hojas estaban sanas pero amarillentas.
Podía ver bien los títulos escritos en grandes letras góticas pero lo que continuaba debajo estaba absolutamente borroso. Fue entonces que pedí mis anteojos. Y pese a lo que Olga relata - la verdad "verdadera", como hubiera dicho mi madre - las letras pequeñas se aclararon y pude encontrar lo que buscaba, aunque no sabía realmente qué era hasta que lo encontré.
Hojeando el Génesis desde el principio, en algún lugar de la Biblia - del lado de las páginas impares, precisaría un editor - vi un título enorme en el que se leía "Moisés", algo que en ninguna versión que conozca puede hallarse. Refería allí la historia del patriarca, lo que no me interesaba demasiado en ese momento. Pero unas pocas hojas más adelante, también del lado impar, justamente en la mitad de la columna derecha, un subtítulo en negrita mencionaba la primera salida de Moisés al desierto, forzada por la situación de riesgo de vida que se le presentaba al haber matado a un egipcio.
Y leyendo esas líneas me tranquilicé. Nuestro amigo, nuestro Moisés, estaba en esa situación. Lo vi en esa Biblia o en mi mente como una ilustración a lápiz en la que aparecía de espaldas, con una vara en su mano y mirando el vasto desierto frente a él. Pero comprendí que, al igual que el bíblico, se iba para regresar. Y que había que darle el tiempo necesario de modo de que, lejos de Esquel - su Egipto -, fuera preparado por Dios para la siguiente etapa a cumplir en su labor pastoral.
Volví a la realidad mucho después con ese mensaje, que no recuerdo si lo transmití al interesado pero sí a muchos otros que lo querían y quieren bien. Y estoy seguro de que lo aceptaron en esos momentos de modo de tranquilizarse un poco.
Ese Moisés nuestro se fue con su familia como tenía decidido y regresó tiempo después a la ciudad en que debía estar, es decir, al lugar entre nosotros en el que Dios quería que estuviese.
Creo oportuno cerrar este apunte tan especial con las mismas palabras con las que él cierra sus predicaciones habitualmente: "Amén, amén y amén". Porque "así es" como sucedió.
Hasta el próximo apunte.
Un afectuoso saludo.

Daniel Aníbal Galatro

Los escritos de Olga Isabel Román: Only You

Los escritos de Olga Isabel Román: Only You: Sólo Tú Enciendes mi pasión y mi cuerpo, Cuando ardes y mueres de deseos, Cuando me dices te amo, Cuando tengo tu cuerpo en mi cuerpo… Sól...

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Los escritos de Olga Isabel Román: NO QUIERO

Los escritos de Olga Isabel Román: NO QUIERO: No quiero ser lucero y brillar como él sólo quiero ser luz . No quiero salir a la Luz, si estoy en la Luz. No quiero ser "Alguien" ,po...

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Los escritos de Olga Isabel Román: MI PERRO Y YO: Dibújame, si así lo quieres, pero cuando lo hagas, que sólo sean mis ojos. Ellos te llevarán a mi alma desnuda y verás lo que no te gus...

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Los escritos de Olga Isabel Román: LATIDOS

Los escritos de Olga Isabel Román: LATIDOS: Si alguna vez escucharas tus latidos como los escucho yo en el tiempo, vibrarías. Y lo haría cada una de tus células, que hablan y no las ...

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Los escritos de Olga Isabel Román: DESCALZA

Los escritos de Olga Isabel Román: DESCALZA: "DESCALZA" Amo y me hace felíz caminar descalza y dejar tatuajes suaves y profundos en mi camino. Y así, descalza, trato de no dañar a...

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Los escritos de Olga Isabel Román: CUANDO SEAS FELIZ

Los escritos de Olga Isabel Román: CUANDO SEAS FELIZ: Despacio, muy despacio me alejo sin decir el lugar, sin hacer ruido para que continues soñando y no me sigas. Y allí en el olvido, aquél ...

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Los escritos de Olga Isabel Román: CUANDO ME NECESITES

Los escritos de Olga Isabel Román: CUANDO ME NECESITES: Ya sabes... Cuando me necesites, Búscame en las nubes de un día Lluvioso o con sol , Y detrás del arco iris yo estaré, Y sembraré el c...

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Los escritos de Olga Isabel Román: AMIGA.

Los escritos de Olga Isabel Román: AMIGA.: No me quites mi Alma si sabes que nada tengo y todo te doy. No me quites mis sueños, si sabes que son tuyos, y ni uno sólo mío, esos que c...

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 28 - Los dos Moisé...

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 28 - Los dos Moisé...: Lo que aquí voy a intentar transcribir de mis recuerdos es algo que me ocurrió en un momento en el que quizá transitaba justamente la fr...

Corazonada.Mario Benedetti


Apreté dos veces el timbre y en seguida supe que me iba a quedar. Heredé de mi padre, que en paz descanse, estas corazonadas. La puerta tenía un gran barrote de bronce y pensé que iba a ser bravo sacarle lustre. Después abrieron y me atendió la ex, la que se iba. Tenía cara de caballo y cofia y delantal. "Vengo por el aviso", dije. "Ya lo sé", gruñó ella y me dejó en el zaguán, mirando las baldosas. Estudié las paredes y los zócalos, la araña de ocho bombitas y una especie de cancel.

Después vino la señora, impresionante. Sonrió como una Virgen, pero sólo como. "Buenos días." "¿Su nombre?" "Celia." "¿Celia qué?" "Celia Ramos." Me barrió de una mirada. La pipeta. "¿Referencias?" Dije tartamudeando la primera estrofa: "Familia Suárez, Maldonado 1346, teléfono 90948. Familia Borrello, Gabriel Pereira 3252, teléfono 413723. Escribano Perrone, Larraíaga 3362, sin teléfono." Ningún gesto. "¿Motivos del cese?" Segunda estrofa, más tranquila: "En el primer caso, mala comida. En el segundo, el hijo mayor. En el tercero, trabajo de mula." "Aquí", dijo ella, "hay bastante que hacer". "Me lo imagino." " Pero hay otra muchacha, y además mi hija y yo ayudamos. " "Sí, señora." Me estudió de nuevo. Por primera vez me di cuenta que de tanto en tanto parpadeo. "¿Edad?" "Diecinueve." "¿Tenés novio?" "Tenía." Subió las cejas. Aclaré por las dudas: "Un atrevido. Nos peleamos por eso." La Vieja sonrió sin entregarse. "Así me gusta. Quiero mucho juicio. Tengo un hijo mozo, así que nada de sonrisitas ni de mover el trasero." Mucho juicio, mi especialidad. Sí, señora. "En casa y fuera de casa. No tolero porquerías. Y nada de hijos naturales, ¿estamos?" "Sí, señora." ¡Ula Marula! Después de los tres primeros días me resigné a soportarla. Con todo, bastaba una miradita de sus ojos saltones para que se me pusieran los nervios de punta. Es que la vieja parecía verle a una hasta el hígado. No así la hija, Estercita, veinticuatro años, una pituca de ocai y rumi que me trataba como a otro mueble y estaba muy poco en la casa. Y menos todavía el patrón, don Celso, un bagre con lentes, más callado que el cine mudo, con cara de malandra y ropas de Yriart, a quien alguna vez encontré mirándome los senos por encima deAcción. En cambio el joven Tito, de veinte, no precisaba la excusa del diario para investigarme como cosa suya. Juro que obedecí a la Señora en eso de no mover el trasero con malas intenciones. Reconozco que el mío ha andado un poco dislocado, pero la verdad es que se mueve de moto propia. Me han dicho que en Buenos Aires hay un doctor japonés que arregla eso, pero mientras tanto no es posible sofocar mi naturaleza. O sea que el muchacho se impresionó. Primero se le iban los ojos, después me atropellaba en el corredor del fondo. De modo que por obediencia a la Señora, y también, no voy a negarlo, pormigo misma, lo tuve que frenar unas diecisiete veces, pero cuidándome de no parecer demasiado asquerosa. Yo me entiendo. En cuanto al trabajo, la gran siete. "Hay otra muchacha" había dicho la Vieja. Es decir, había. A mediados de mes ya estaba solita para todo rubro. "Yo y mi hija ayudamos", había agregado. A ensuciar los platos, cómo no. A quién va a ayudar la vieja, vamos, con esa bruta panza de tres papadas y esa metida con los episodios. Que a mí me gustase Isolina o la Burgueño, vaya y pase y ni así, pero que a ella, que se las tira de avispada y lee Selecciones y Lifenespañol, no me lo explico ni me lo explicaré. A quién va a ayudar la niña Estercita, que se pasa reventándose los granos, jugando al tenis en Carrasco y desparramando fichas en el Parque Hotel. Yo salgo a mi padre en las corazonadas, de modo que cuando el tres de junio (fue San Cono bendito) cayó en mis manos esa foto en que Estercita se está bañando en cueros con el menor de los Gómez Taibo en no sé qué arroyo ni a mí qué me importa, en seguida la guardé porque nunca se sabe. ¡A quién van ayudar! Todo el trabajo para mí y aguantate piola. ¿Qué tiene entonces de raro que cuando Tito (el joven Tito, bah) se puso de ojos vidriosos y cada día más ligero de manos, yo le haya aplicado el sosegate y que habláramos claro? Le dije con todas las letras que yo con ésas no iba, que el único tesoro que tenemos los pobres es la honradez y basta. Él se rió muy canchero y había empezado a decirme: "Ya verás, putita", cuando apareció la señora y nos miró como a cadáveres. El idiota bajó los ojos y mutis por el foro. La Vieja puso entonces cara de al fin solos y me encajó bruta trompada en la oreja, en tanto que me trataba de comunista y de ramera. Yo le dije: "Usted a mí no me pega, ¿sabe?" y allí nomás demostró lo contrario. Peor para ella. Fue ese segundo golpe el que cambió mi vida. Me callé la boca pero se la guardé. A la noche le dije que a fin de mes me iba. Estábamos a veintitrés y yo precisaba como el pan esos siete días. Sabía que don Celso tenía guardado un papel gris en el cajón del medio de su escritorio. Yo lo había leído, porque nunca se sabe. El veintiocho a las dos de la tarde, sólo quedamos en la casa la niña Estercita y yo. Ella se fue a sestear y yo a buscar el papel gris. Era una carta de un tal Urquiza en la que le decía a mi patrón frases como ésta: "Xx xxx x xx xxxx xxx xx xxxxx".

La guardé en el mismo sobre que la foto y el treinta me fui a una pensión decente y barata de la calle Washington. A nadie le di mis señas, pero a un amigo de Tito no pude negárselas. La espera duró tres días. Tito apareció una noche y yo lo recibí delante de doña Cata, que desde hace unos años dirige la pensión. Él se disculpó, trajo bombones y pidió autorización para volver. No se la di. En lo que estuve bien porque desde entonces no faltó una noche. Fuimos a menudo al cine y hasta me quiso arrastrar al Parque, pero yo le apliqué el tratamiento del pudor. Una tarde quiso averiguar directamente qué era lo que yo pretendía. Allí tuve una corazonada: "No pretendo nada, porque lo que yo querría no puedo pretenderlo".

Como ésta era la primera cosa amable que oía de mis labios se conmovió bastante, lo suficiente para meter la pata. "¿Por qué?", dijo a gritos, "si ése es el motivo, te prometo que..." Entonces como si él hubiera dicho lo que no dijo, le pregunté: "Vos sí... pero, ¿y tu familia?" "Mi familia soy yo", dijo el pobrecito.

Después de esa compadrada siguió viniendo y con él llegaban flores, caramelos, revistas. Pero yo no cambié. Y él lo sabía. Una tarde entró tan pálido que hasta doña Cata hizo un comentario. No era para menos. Se lo había dicho al padre. Don Celso había contestado: "Lo que faltaba." Pero después se ablandó. Un tipo pierna. Estercita se rió como dos años, pero a mí qué me importa. En cambio la Vieja se puso verde. A Tito lo trató de idiota, a don Celso de cero a la izquierda, a Estercita de inmoral y tarada. Después dijo que nunca, nunca, nunca. Estuvo como tres horas diciendo nunca. "Está como loca", dijo el Tito, "no sé qué hacer". Pero yo sí sabía. Los sábados la Vieja está siempre sola, porque don Celso se va a Punta del Este, Estercita juega al tenis y Tito sale con su barrita de La Vascongada. O sea que a las siete me fui a un monedero y llamé al nueve siete cero tres ocho. "Hola", dijo ella. La misma voz gangosa, impresionante. Estaría con su salto de cama verde, la cara embadurnada, la toalla como turbante en la cabeza. "Habla Celia", y antes de que colgara: "No corte, señora, le interesa." Del otro lado no dijeron ni mu. Pero escuchaban. Entonces le pregunté si estaba enterada de una carta de papel gris que don Celso guardaba en su escritorio. Silencio. "Bueno, la tengo yo." Después le pregunté si conocía una foto en que la niña Estercita aparecía bañándose con el menor de los Gómez Taibo. Un minuto de silencio. "Bueno, también la tengo yo." Esperé por las dudas, pero nada. Entonces dije: "Piénselo, señora" y corté. Fui yo la que corté, no ella. Se habrá quedado mascando su bronca con la cara embadurnada y la toalla en la cabeza. Bien hecho. A la semana llegó el Tito radiante, y desde la puerta gritó: "¡La vieja afloja! ¡La vieja afloja!" Claro que afloja. Estuve por dar los hurras, pero con la emoción dejé que me besara. "No se opone pero exige que no vengas a casa." ¿Exige? ¡Las cosas que hay que oír! Bueno, el veinticinco nos casamos (hoy hace dos meses), sin cura pero con juez, en la mayor intimidad. Don Celso aportó un chequecito de mil y Estercita me mandó un telegrama que -está mal que lo diga- me hizo pensar a fondo: "No creas que salís ganando. Abrazos, Ester."

En realidad, todo esto me vino a la memoria, porque ayer me encontré en la tienda con la Vieja. Estuvimos codo con codo, revolviendo saldos. De pronto me miró de refilón desde abajo del velo. Yo me hice cargo. Tenía dos caminos: o ignorarme o ponerme en vereda.

Creo que prefirió el segundo y para humillarme me trató de usted. "¿Qué tal, cómo le va?" Entonces tuve una corazonada y agarrándome fuerte del paraguas de nailon, le contesté tranquila: "Yo bien, ¿y usted, mamá?"

FIN

Águila polinizadora



Del vientre del alma
De los vientos de invierno
Trascienden sentimientos de sabia
Donde las nubes blancas
Chocan con las de color naranjo

Donde el vieja del águila
Polinizadora
Hace que entregue nutrientes
A la tierra de nidales
Donde solo un huevo de chocolates
Podrá tomar el sol
Por nueve primaveras

Por ello tal beso de regalo
Va compactado con el brillo de un sueño
Volar para llegar donde tus estas ahora
Y decirte te amo
Te amo
Como lo quemas quiero
Como mi viento
Como mis alas
Como el palpitar de mis pensamientos
Por ello donde vaya entregando vida
Tus serás mi viento
Mi respiro y mi alma
Por ello tal rosa
Es para ti
Por ser rosa
Por ser
Quien te quiero
Por ello ahora nuevamente
Me he hecho ya no a la mar
Sino al viaje del mismo amor
En donde tal águila
Solo vuela
Para indicar que solo tu
Eres el amor
El amor

Autor: Rio blanco 22

El poeta de Villa Alemana
En donde se conjuga el arte y el amor, las emociones, por ello quien sustenta toda vida, no ha hecho conocer la verdad
Que ten solo en familia se puede generar amor

Chile / Villa Alemana

Los escritos de Olga Isabel Román: Tus lágrimas en mis ojos.

Los escritos de Olga Isabel Román: Tus lágrimas en mis ojos.: ¿Y si mañana se terminase el mundo me seguirías amando?  ¿Seguirías llevando  mis lágrimas en tus ojos  como llevo las tuyas ? No lo ...

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Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 19 - Quizá un secr...

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 19 - Quizá un secr...: En los apuntes anteriores más recientes hice algunos comentarios acerca de mis actividades en la gran PC, comenzando por el primer programa...

NINFA



Brillaba en su corazón la noche azul
-él, tirado en arenas blancas
mojando su recuerdo-
tras horas de contemplar
la radiante luna…
acudió con suave paso… ¡su amada!
caminar sensual parecía flotar…
un tenue velo cubría su silueta
él, musitó con bravía pasión al mar
y soltó sus diamantes al aire…
¡ninfa perpetua, no lo dejó agonizar
ante la espera!

Se tendió sobre la espuma y danzó para él…
hechizado oleaje se dejaba seducir
con la caricia febril al tocarla,
piel feroz guardaba la fluorescencia
de la orbe nívea.

¡Príncipe de olas!
posaste tu alma
en aquella doncella
otrora pasión acústica
envolvente al vals ondeante
que parecía nunca tener final.

-Antes de dejarlo caer en sueño permanente
ella lo complació con extáticos instantes-

¡Diosa! ¡demonio y mujer!
acabaste con el último aliento
llevándolo a tu averno…
él, no pudo resistir tu ausencia y el tiempo
tan solo esperó… por este último encuentro.

De: poesía somos tú y yo

****
No dejes de visitar nuestro blog índice: "El Mundo de Olga y Daniel" http://olgaydaniel.blogspot.com

No huyas jamás De: Daniel Anibal Galatro


No huyas jamás. Que el temor no te domine
y puedas continuar tu propia senda.
Las penurias del camino no son tantas,
y, al final, los logros las compensan.

Da un paso más, y sin dudar avanza
con la fuerza de tu alma convencida.
Ese paso que sigue es el que importa
y puede ser el paso clave de tu vida.

No mires hacia atrás. Allí no queda nada.
Lo transitado es apenas una sombra
de lo que alguna vez fuiste y ya no eres.
Sería inútil carga en tus alforjas.

El pasado son los pasos que ya diste.
Ya no es, ya no está, sólo es recuerdo.
El futuro aún no existe, es horizonte incierto.
Lo que te espera sin que puedas conocerlo.

Tu premio por no haber huido nunca
es tu presente, el mirar hacia delante,
ser hoy mejor de lo que eras
y dando el paso nuevo superarte.

Entonces transitarás la vida
creciendo cada día, renaciendo,
y llegarás al final de tu camino
sin haberte convertido nunca en viejo.
Daniel

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 17 - Los programas...

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 17 - Los programas...: Las cortinas venecianas "interactivas" de las ventanas-monitores de la gran PC. --- Ya he relatado que en algún momento conocí la gran co...

**Visita:http://bohemiaylibre.blogspot.com

Las cortinas venecianas "interactivas" de las ventanas-monitores de la gran PC.
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Ya he relatado que en algún momento conocí la gran computadora que el Dr Richardson había traído del exterior e instalado para brindar servicios destinados tanto al hotel como a la clínica. Se rumoreaba que le había costado unos 66.000 dólares, lo que era un buen dinero pero que en mi opinión estaba más que justificada la inversión.
Y comenté también que allí yo era el único que parecía comprender la importancia de este elemento tecnológico pues el resto lo utilizaba más por obligación que por gusto.

Llegó mi oportunidad de sentarme en una terminal instalada en el centro de cómputos para "manejar" yo mismo ese pequeño monstruo, lo que constituyó un evento emocionante pues siempre - y quizá también esta vez - era uno de mis sueños más preciados disponer de algo así.

El primer programa que utilicé fue uno que conectaba la computadora con una base de datos genéticos gigante. El usuario colocaba allí, por ejemplo, su apellido y, si la información necesaria había sido cargada en el sitio, podía retroceder hacia atrás en el tiempo y hacia arriba en la pantalla para conocer sus antecesores.

Como suelen hacer todos los que usan un programa de este tipo, el primer nombre que ingresé fue el mío. Pero esto produjo algo sorprendente: mi antecesor masculino (mi padre) no era el que yo esperaba que fuese. En cambio, como conexión genética inmediata anterior apareció el nombre e imágenes relacionadas con un señor amigo y que, además, vivía casi exactamente frente a mi casa en Mar del Plata. Pero eso será tema de otro apunte.

Ingresando solamente mi apellido, el programa me llevó a hacer otros descubrimientos que aún me resultan muy confusos pero que retrotrajeron la historia familiar hasta un grupo de primates que habitaba en lo que hoy es América del Norte pero que en esa época era parte de la gran masa de tierra que incluía a las otras Américas y al que hoy se ve como Continente Africano.

Cuando coloqué el apellido de mi cirujano - el Dr Mingo - ocurrió algo parecido pero sus homínidos predecesores aparecieron ubicados en la actual América del Sur. Una investigación posterior que realicé ya regresado a mi casa le agregó un condimento muy especial al asunto.

La pantalla del monitor mostraba que, antes de la formación del Océano Atlántico, mis más antiguos parientes migraron hacia la que hoy es Europa, en tanto que los del doctor lo hicieron hacia la que hoy es África. Y en otros pasos de esta investigación surgieron datos que me enloquecieron aún más, si eso era posible.Ya les dedicaré el tiempo necesario para que ustedes también se sorprendan.

Esa computadora tenía algunos otros programas también espectaculares. Por ejemplo, se podía ver en ella prácticamente cualquier canal de TV del mundo. Se ingresaba a la distribuidora que uno deseaba y así el usuario se convertía gratuitamente en un cliente más de ese sistema. Esto iba a ser muy importante cuando se fuera completando la instalación de terminales en todos y cada uno de los lugares de la clínica, lo que se realizaba muy simplemente convirtiendo cada ventana exterior o interior en un monitor interactivo desde donde se podía seleccionar el programa a utilizar allí, entre los que estaban los que visualizaban canales de TV. Ya explicaré con qué facilidad se lograba esto.

En los primeros tiempos - minutos, días, horas, no sé - en la terminal que estaba en mi lugar de internación de cirugía - luego de salir de la terapia intensiva - un enfermero cargaba uno tras otro nuevos programas al sistema. Cada uno de ellos venía en esa caja plástica para cintas de video que ya mencioné, exteriormente amarilla y con un código identificatorio escrito en el lomo con un "fibrón" negro. Juanto a él, en una estantería, veinte o treinta programas esperaban su turno para ser cargados. El enfermero operaba la máquina desde un teclado pero, cuando la ventana que sepaba la sala donde yo estaba del office correspondiente fue convertida en monitor, le colocaron una cortina americana delante, una de esas con hojitas - en este caso plásticas - que permiten regular el paso de la luz. Y sobre cada hojita iba apareciendo una línea de un menú que incluía todos los programas cuyo uso estuviera permitido desde allí.

Bastaba con tocar la hojita para activar el programa, pero luego verifiqué que había controles remotos para lograr el mismo resultado, lo que fue un drama para quienes me rodeaban en la realidad de mi cama, tema de otro apunte que vendrá.

Un dato más: además de cargar programas en algunos momentos del día, los enfermeros ingresaban casi contínuamente por su terminal los datos relacionados con los pacientes: estudios, análisis, controles, etc. pues una de las grandes bases de datos era la de las historias clínicas. Al final del día imprimían las más interesantes y las reunían en algún lugar para que durante la mañana siguiente el Dr. Richardson las revisara públicamente en el show que brindaba a las puertas del hotel.

Cada uno de los elementos que mencioné en apuntes anteriores y los que aquí acabo de agregar está firmemente alojado en mi memoria con sus características más destacadas: forma, color, material, etc. Y estos sucesos que se fueron sucediendo sin que pudiera registrar con precisión su cronología, tenían relaciones secuenciales y lógicas que los diferencian de los delirios que alguna vez en mi vida me produjera alguna fiebre elevada. Todo sucedía como en una película, aunque en su proceso de edición, pues las escenas comenzaban de pronto, se desarrollaban "en tiempo real" y finalizaban bruscamente.

Por ejemplo, en el tema de la computadora hubo primero una circunstancia en la que la conocí, otra en la que organicé el audiovisual, y montones de sucesiones de imágenes que aparecían mientras sucedían al mismo tiempo otras cosas. Si estaba acostado en mi cama de la clínica veía cómo un par de operarios iban "cableando" la sala para colocar los elementos necesarios de modo de transformar cada ventana en un monitor. Y yo les preguntaba a veces cómo era que eso iba a funcionar después, aunque no recibía respuestas demasiado amables.

Un detalle para cerrar el apunte. No hace muchos meses, y a través de una nota en televisión, me enteré de que en Londres han habilitado un ómnibus turístico muy especial que permite algo que inmediatamente me recordó las ventanas-monitores de mi experiencia onírica - si es que lo que me pasó fue eso. El informe explicaba que los pasajeros del vehículo van observando los diferentes puntos de la ciudad y, cuando quieren informarse acerca del que están viendo, simplemente tocan la ventanilla y esta actúa como una pantalla semitransparente en la que aparecen datos sobre ese lugar. Ese ómnibus existe realmente y creo que me enteré de eso dos años después de haber salido del hospital. Y usteden pueden buscarlo en internet para corroborar.

Estarán de acuerdo conmigo en que no era posible transcribir esta historia ordenadamente desde mi memoria al escrito. Es por eso que elegí el método de los "apuntes" que, de alguna manera, permite describir escenas aisladas para que, quizá alguna vez, las hilvane procurando un relato contínuo y algo más coherente.

Y puedo hacer eso usando la paciencia y complacencia de mis lectores, o tal vez abusando de ambas.

Busco para ilustrar esta nota una imagen de las alguna vez famosas "american window blinds" (o "venecianas") que se convirtieron en muy significativas en lo que ya relaté pero que lo serán más aún en algunos apuntes venideros. Por una imagen vale, en este caso, más que mil cortinas.

Un saludo afectuoso.

Daniel Aníbal Galatro

Esta señora es enfermera y es la más parecida a Elvira que encontré.
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En el apunte anterior dejé pendiente recordar el nombre de la suegra del Dr. Richardson. Solamente mencioné que estaba más o menos convencido de que comenzaba con la letra E.

Me llovieron nombres que amablemente ustedes me enviaron pero ninguno de ellos era el que creía recordar. Y, de pronto, un destello de esos que a veces a todos nos iluminan alguna región de la mente puso de relieve una palabra: "Elvira". Y, por asociación, también recordé que cuando alguien me la mencionó por primera vez en mi "sueño" la relacioné con una antigua tía política casada con un señor de apodo "Gaita", seguramente de nombre "Cayetano" o algo así. Como en la familia había otra Elvira, a ésa se la denominaba "Elvira de Gaita" para diferenciarla.

Y entonces evoqué en mi pensamiento la circunstancia de que cuando alguien me dijo que la suegra del médico se llamaba Elvira también hice esa asociación: "la de Gaita". Por lo que, en la medida de lo posible en este relato, casi no tengo dudas sobre el nombre.

Busqué en Google alguna imagen que se le pareciera y encontré la que coloqué en este apunte, de una señora que casualmente es enfermera pero que tuve que modificar un poco para hacer de tez más oscura, cabellos negros y con el rostro algo más serio o quizá algo más triste.

La Elvira de mi historia mediría, insisto, 1,60 metros, vestía permanentemente un guardapolvo celeste, usaba anteojos de marco grueso y oscuro, y siempre mostraba una expresión de cansancio o de tristeza, o quizá una combinación de ambos estados.

Era el motor que mantenía en acción el sistema de la clínica. Por algún motivo que no llegué a conocer, la veía dando indicaciones a las enfermeras y a las mucamas, yendo de un lugar a otro para asegurarse de que todo estaba en orden, y en el caso de los shows matinales del médico revisando historias clínicas, siendo su permanente ayudante.

No comprendí, como dije, por qué esa mujer estaba tan subordinada a ese sistema cuando en realidad era familiar directa del dueño de todo. Imaginé que no era por dinero, pues seguramente no lo necesitaba. Hasta llegué a pensar que la unía una dependencia amorosa unilateral con Richardson, porque éste no manifestaba ninguna deferencia especial para con ella y se la veía tratándola como si fuese una empleada más en su organización.

Elvira era de físico delgado - "esmirriado" hubiera dicho mi madre - y pese a que su función era notoriamente destacada su aspecto la hacía alguien que podía pasar casi desapercibido porque no irradiaba ese aura de poder que acompaña a muchos jefes de algo.

Tiempo después - en la realidad quizá solamente algunos minutos u horas pero en mis andanzas fuera del cuerpo fueron días - pude saber algo más sobre ella.

Vivía en una casa hermosa aunque no llamativa situada, creo recordar, sobre la Avenida Ameghino lejos del centro, y cuando pasamos por allí con Olga registré que estaba al 1800 de esa calle. Estaba, caminando hacia el noreste, a mano derecha. No sé si también allí residía su yerno con su familia. Tampoco me enteré de si tenía esposo.

Junto a la vivienda de esta señora había dos locales comerciales: el que estaba lindante con la casa estaba destinado a taller mecánico y el otro se veía cerrado.

El hijo del doctor era quien de alguna forma dirigía el taller, o quizá solamente lo utilizaba para preparar su moto y su antiguo automóvil para participar de competencias de las que en otro apunte me voy a ocupar. Pero cuando estuvimos allí con Olga un día domingo - ése en el que Richardson hizo su show en el frente del hotel aunque no acostubraba en feriados - también apareció Elvira por allí, y para limpiar y arreglar el lugar como lo hacía en la clínica.

Estábamos conversando con un mecánico cuando ella entró con su guardapolvo celeste y algunos elementos tales como una escoba y un plumero. Nos saludó sin darnos mayor importancia y dedicó unos minutos a la tarea. Luego pasó junto a nosotros mirándonos como único saludo y salió del local para regresar a su casa. Siempre seria, siempre triste, siempre dando el aspecto de alguien que está haciendo algo que debe hacer y que no se plantea si le produce satisfacción o pena cumplir esa labor.

Me causó la misma impresión que muchas otras personas que "hacen las cosas porque las tienen que hacer", y esa rutina repetida va moldeando sus personalidades hasta transformarlas en robots humanos, generalmente poco o nada expresivos, cuyas vidas se justifican en unos pisos sin polvo, unas camas bien hechas, unas comidas a horario, unos hijos y nietos con las ropas limpias y planchadas.

Seguramente Elvira era dueña de su casa y de los locales, aunque daba el aspecto de que la casa, los locales, la clínica y quizá hasta el hotel eran dueños de ella.

Un efecto tan deprimente me produjo en aquellas visiones la Elvira que se me cruzó en mi extraño camino, que esa misma sensación me invadió al recordarla aquí. Algo así como sentir que era alguien que no valía la pena ni mencionar, aunque, luego de escribir este apunte, consideré que su descripción sumaba a la historia y quizá así aportaba un toque de valor a quien antes parecía no tenerlo.

En el próximo segmento, me propongo en este momento ocuparme de la gran computadora y de qué hice yo con ella. Por ejemplo, para intentar averiguar mi secuencia de antepasados hasta los más remotos orígenes. Algo que me llevó a la conclusión de que el excelente cirujano que me operó dos veces en esos días, el Dr. Mingo, era algo así como un "hermano" mío. En uno de mis retornos a la realidad, aunque turbado por el efecto de las drogas que me habían aplicado, se lo dije. Así él se convirtió, aunque no tanto como mi amada Olga, en una víctima más de este extraño suceso. Pero eso vendrá después. Por ahora, punto y aparte, un saludo afectuoso y hasta el próximo apunte.

Daniel Aníbal Galatro


Cambien la entrada por puertas de "blindex" y tendrán una visión bastante similar a la del acceso al hotel.
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Una mañana, pese a que mi cuerpo material continuaba yaciendo en la cama de Terapia Intensiva conectado a diversos aparatos que lo mantenían funcionando, eso de mí que mantenía sus ratos de libertad deambulando por todo espacio disponible se encontraba de pie frente a una de las altas ventanas de la clínica que daban a la calle Sarmiento.

Era la ubicada más cerca de la esquina con 9 de Julio, y desde allí podía ver con claridad el hotel del Dr. Richardson. Alguien más, creo que el padre de Joel, estaba a mi lado también observando.

Atraía nuestra atención el hecho de que, pese a que recién estaba amaneciendo y seguramente eran las 7 de la mañana o poco más, había movimientos en el sector de entrada del edificio, bajo el alero sostenido por las grandes columnas.

Un par de operarios vestidos con "mamelucos" de trabajo azules estaba trayendo desde el interior del hotel unos muebles que colocaban contra la pared externa. Eran unas estanterías que lucían antiguas, una especie de escritorio y otras cosas así.

Alguien que circulaba por detrás nuestro nos dijo que eso que estábamos viendo ocurría todas las mañanas de los días hábiles. El Dr.Richardson, junto con su suegra que era para todo su principal ayudante en la Clínica, se ocupaba de revisar una por una cada historia médica de los pacientes internados, la analizaba y determinaba qué pasos se seguirían con ese enfermo ese día.

De la suegra del dueño y director de la Clínica volveré a escribir algunas cosas pues la recuerdo perfectamente y me llamó mucho la atención la importancia que ella tenía para el funcionamiento de todo el sistema.

Mientras todo ese espectáculo en la entrada del hotel iba siendo montado por los ayudantes dirigidos por la citada señora, algunas personas se iban acercando para verlo porque resultaba algo curioso y atractivo. Algunos se quedaban de pie pero otros se sentaban sobre los troncos transversales de madera que integraban la verja paralela a las veredas.

Ese primer día de sólo observación del "show" me permitió tener una idea general del asunto. Vi que llegaba una camioneta del Canal 4 con un reportero y un camarógrafo, y luego también un par de "noteros" de emisoras de radio locales. Era evidente que ese extraño espectáculo se había convertido en habitual y de interés para los esquelenses. Y, ¿por qué no?. un atractivo turístico más para los visitantes ocasionales.

Cuando todo estuvo dispuesto, el médico apareció vestido con un guardapolvo blanco impecablemente almidonado. Daba indicaciones a su suegra-colaboradora y revisaba, una por una como dije, cada historia clínica. La tomaba del escritorio, la leía con cuidado en voz alta, daba sus opiniones, anotaba algo en ella y la colocaba en un estante determinado de un mueble cercano previamente elegido por alguna razón que yo desconocía.

El espectáculo duró hasta aproximadamente una hora y media o dos. Había espectadores que se habían traído el termo y aprovechaban el rato para tomar unos mates como desayuno.

No recuerdo si los que lo seguíamos a través del ventanal permanecimos observando todo el tiempo. Pero sí yo estuve allí mirando cuando el doctor dio por terminado el show y se retiró, lo que permitió que, bajo la dirección de su suegra vestida con un guardapolvo celeste más discreto que el de Richardson, organizara a los dos operarios para volver a ingresar al hotel todos los muebles y demás elementos que habían traído al exterior.

Un detalle que acabo de recordar: en algunos momentos y seguramente por exigencias de la historia clínica que estaba analizando, el doctor se acercaba a un mueblecito que estaba junto al escritorio o quizá encima de él (no veía yo bien desde donde estaba) y tomaba unos tubos de ensayo, pequeños balones de vidrio, pipetas y demás para echar un líquido que supuse era la orina del paciente y adicionarle algunas gotas de reactivo. Lo agitaba suavemente, lo miraba con atención y anotaba en el papel lo que debía ser el resultado de su observación.

En varias otras oportunidades, quizá dos o tres, fui parte del público de este espectáculo matinal protagonizado por el doctor. En una de ellas vi que Olga estaba entre los asistentes ubicados en primera fila y luego hablaba con Richardson, y en otra yo mismo crucé la calle y me senté sobre la verja de troncos tratando de llamar la atención del médico, pero lo que ocurrió en ese día en particular será tema de otro apunte.

Y dejo aquí asentado, para no omitirlo luego, que un día domingo también se realizó el "show" pero esa vez con la presencia de los dos hijos del doctor. Uno de ellos era un joven de aproximadamente 17 años y la otra una chica que tendría unos 15, vestida y peinada al mejor estilo "punk". El varón reaparecerá en esta historia porque tuvimos un par de contactos con él en mi experiencia que, según algunos profesionales etiquetables como "racionales", fue solamente el efecto de las drogas que recibía para inducir mi estado de coma. Aunque, a esta altura del relato, alguno de ustedes puede haber llegado a considerar que las cosas fueron mucho "más allá".

Intentaré recordar el nombre de la suegra del médico porque me parece significativo para la historia. Estaba perfectamente de acuerdo con su aspecto: una mujer de aproximadamente 1,60 metros de estatura, algo encorvada, siempre con rostro serio y hasta triste, pelo corto sin cofia ni nada parecido, de pocas palabras pero mucha capacidad de trabajo, preocupada porque todo saliera siempre bien en la clínica. Y ese nombre que me da vueltas por la cabeza sonaba como Eufemia o algo así, antiguo, de campo, de persona absolutamente común. ¿La edad de la mujer? Unos sesenta años, quizá, adecuada a la de su yerno, que parecía rondar los cuarenta y pico largos.

La esposa de Richardson nunca apareció en mis visiones, aunque supongo que la tenía porque nunca nadie me dijo lo contrario.

Les dejo un trabajo relacionado con este apunte: si tienen ganas, les pido nombres de mujer comenzados con la letra "E", comunes en los años 50 en zonas rurales. Creo que si lo veo escrito lo recordaré más fácilmente. Podemos intentarlo.

Un saludo con el afecto de siempre.

Daniel Aníbal Galatro

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 14 - El rincón de ...

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Apunte 14 - El rincón de ...: Ventana similar a la que menciono en el apunte. --- No sabía cómo titular este apunte y me decidí por "el rincón de los muertos" porque, si...

**Visita:http://bohemiaylibre.blogspot.com

Ventana similar a la que menciono en el apunte.
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No sabía cómo titular este apunte y me decidí por "el rincón de los muertos" porque, si mal no recuerdo, es lo que significa el nombre quechua "Ayacucho" aplicado a un par de ciudades de nuestra América del Sur. Y es que este apunte tendrá relación con eso.

Les conté que para llegar al centro de cómputos instalado en el hotel había que recorrer un pasillo y luego doblar a la izquierda caminando unos pocos metros. En ese ángulo de la construcción donde se giraba podía yo ver un "office" con una puerta de entrada sobre el pasillo y un ventanal con cortinas americanas (blinds) en la pared lateral junto a la que debía pasar para llegar al lugar de la PC y el auditorio.

En una de las varias oportunidades que transitaba por allí escuché que dentro de ese "office" dos mujeres conversaban animadamente sonbre un tema que les causaba mucha gracia, lo que aprecié por algunas fuertes risas con las que interrumpían su diálogo.

La curiosidad me hizo detener unos segundos y así pude verificar que la causa de sus poco contenidas carcajadas era que una de esas mujeres, vestida como la otra con la bata de médica de terapia (en estos recuerdos, de color amarillo limón muy claro), comentaba a la otra que una paciente le había dicho que cuando alguien moría en la clínica su espíritu quedaba por un tiempo bajo el estacionamiento de las ambulancias. Es decir, que ese lugar era una especie de "limbo" o estación intermedia.

Relacionando eso con lo que me había sucedido la vez que pasé por el tubo de chapa hacia lo que me pareció una carpintería - algo que relaté en un apunte anterior - llegué a la conclusión de que la paciente había confiado a la doctora alguna experiencia personal allí, y que esa carpintería estaba junto al estacionamiento.

Por eso las risas de esas mujeres me hicieron sentir mal y las tomé como una expresión de ignorancia de ellas sumadas al nerviosismo que suele producir el hablar de cosas vinculadas con la muerte. Siempre pensé que ése era el motivo por el que suelen narrar chistes en los velorios: no es una falta de respeto por el fallecido y sus familiares sino una forma de catarsis de algunos asistentes al estar ante una situación que les provoca un estado mental de angustia.

La siguiente vez que pasé junto a esa ventana no había nadie en el "office" y aproveché para meter entre las hojas vidriadas corredizas un papelito en el que había escrito algo así como: "No se rían. Eso de que cuando alguien muere aquí va a un lugar debajo del estacionamiento es verdad."

Satisfecho por lo realizado, continué rumbo al centro de cómputos donde estaba realizando ya tareas que en otro apunte relataré.

Pero esto no termina aquí. Tiempo depués de regresar a mi casa continué dando mis clases de apoyo a antiguos y nuevos alumnos. Entre estos últimos se encontraba alguien que trabajaba en el hospital, creo que como enfermera, a quien le comentamos algunas de mis experiencias. Cuando mencionamos el episodio de mi paso por el tubo de chapa se quedó pensando y llegó a la conclusión de que el lugar al que debí haber llegado coincidía, según sus deducciones, con la morgue. Y no me pareció tan imposible que así fuera. Lo que me sorprendió fue que ella vinculara la que para mí era una carpintería ordenada pero sin operarios con un lugar como la morgue de un hospital, siendo que yo tenía por experiencia real la que conocí en el Horacio Cestino de Ensenada en el breve lapso en que fui administrador.

Así que, a falta de algo mejor, acepté que ése era el Ayacucho en el que había estado pero en el que no me quedé, evidentemente.

Un saludo afectuoso como siempre y gracias por su perseverancia al leer estos apuntes, paciencia que usaré y de la que abusaré pues todavía queda mucho por narrar de estas andanzas extracorpóreas.

Daniel Aníbal Galatro



12 de marzo de 1932: Sara accede a los requerimientos de Rodolfo.
22 de mayo de 1937: Nace Facundo, quinto fruto de los juegos amorosos que sobre la hierba ejecutaron Sara y Rodolfo.
14 de julio de 1942: Rodolfo pierde el camino de regreso al hogar para que Facundo tenga que salir a la calle, precario escenario donde se ejecutan las terribles pero bellas fábulas de la vida, metáfora preferida de Dios (en ese deambular en busca de lo mínimo para sobrevivir, llega al 17 de noviembre de 1946, día en que se acerca a Perón para pedirle un trabajo que lo lleva con su madre y sus hermanos a Tandil, de ahí en más principio y fin de todas sus travesías).
Cantando de pueblo en pueblo, y no teniendo mas remedio que crecer, llega al 28 de abril de 1972 en que pone en práctica, el "abandona tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te indicaré; hare de tí una gran nación, te bendeciré y por ti se bendecirán todos los pueblos de la Tierra" que Dios ordenó a Abraham (desayuna con Juan Rulfo, medita con los derviches mendicantes de Teherán, canta con los gitanos del Mar de Cortez, estudia los juegos de las estrellas con los beduínos del desierto de Negev, almuerza con Rafael Alberti, descubre a Cioran, a Alvar Aalto, al Popol Vuh y al Eilat del Mar Rojo, escucha a Krishnamurti en el Valle de Ojai, redescubre a Octavio Paz, a Macedonio Fernández y a la milonga, árido y austero ritual sureño que lo trae de vuelta a la Argentina).
10 de diciembre de 1983: llega la democracia para hacer justicia, es decir parar juzgar al Camps que encierran para que Cabral pueda volver a pasear por la Argentina donde termina este Paraiso a la deriva donde confirma que buscar a Dios es encontrarse con uno.

Facundo Cabral 
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Fui parte activa en la presentación de "Paraíso a la Deriva" en la Librería Contemporánea y en el Centro Cultural de 7 y 50, ambos en la ciudad de La Plata. Ese día de convivencia con Facundo, con su creo que aún era novia Silvia - recién recibida de médico o por ahí - y con el hoy famoso empresario que era por entonces su representante, me dio una catarata de pequeñas anécdotas que podrían conformar un libro, pequeño pero libro al fin. Será para otro momento hablar de eso porque hoy el tema es Facundo, que dio el salto final que lo lleva a convertirse en luz para siempre.
Facundo nunca llegó a ser Maestro espiritual pero sí fue uno de los mejores alumnos de un puñado de verdaderos maestros a los que buscó y encontró por el universo. Y luego nos transmitió esos conocimientos para hacernos partícipes de la sabiduría que el mundo acumuló durante siglos y siglos.
Algo así como un "jefe de trabajos prácticos" de cátedras guiadas por profesores de la vida como Ghandi, Borges, la Madre Teresa, y muchos más de ese nivel que desborda largamente lo terrestre.
Cuando él tomó mi ejemplar del libro y bajo un pensamiento mío escrito en la primera página - seguramente digno de una mirada compasiva por carecer de alguna pretendida esencia pero que Facundo leyó con sumo cuidado y rubricó dibujándome una imagen de Jesús con una margarita asomando de sus cabellos, abrió de un puntapié una nueva puerta en mi mente y en mi alma para que ya no fueron nunca iguales.
¿Qué hice yo por él a cambio? Creo que algo no pequeño entre otras muy pequeñas cosas. Fui hasta la puerta de calle y traje de mi mano a un amigo de entonces, don Cipriano Reyes, lo acerqué a Facundo que seguía firmando y firmando libros para sus cientos de admiradores que desbordaron largamente la vereda de 49 entre 10 y 11, y los presenté. Para ambos fue el comienzo de una relación que se mantuvo por años.
Ahora Dios puso un arma en cualquier mano, un acompañante elegido junto a Facundo, y la oportunidad de que el hombre de la paz estuviese en el camino del proyectil, en una acción diseñada desde el comienzo de los tiempos. Y así nosotros decimos hoy con dolor que nuestro amigo del alma, el de millones de humanos, murió. Aunque como él decía, la muerte es lo mismo que la vida pero sin el cuerpo.
Se liberó de lo que algún otro amigo llamara "la chatarra" y ahora vuela libre, vuela bajo, donde está la verdad, algo que él aprendió y nos recomendó que aprendiéramos también, aunque suponía en algunos momentos que los hombres no aprenderemos eso jamás.
Soy uno de los herederos de la fortuna de Facundo Cabral. Y vos también podés serlo, si querés. Basta con que recojas algo de lo que él sembró y lo cultives para que dé frutos con un solo compromiso: distribuir esos frutos entre los que amas, pero más aún entre los que odias; entre los que te aman, pero más aún entre los que te odian. Porque es así de simple y de gigantesco. Y recomendándoles que hagan lo mismo. Por amor al prójimo, al próximo, a todos los próximos que vivimos en este mundo que ya no será igual porque ahora no está Facundo. Pero entre todos sus herederos podremos hacerlo un poquito mejor.
No deseo que descanse en paz, porque seguramente ya lo venía haciendo desde hace años y así continuará existiendo, en el universo infinito y en la finitud de nuestros corazones.

Daniel Aníbal Galatro
11 de julio de 2011
Esquel - Chubut - Argentina



CUANDO VEAMOS LA NOCHE
JUNTOS EN ALGUNA PLAYA
DE UNA CÁLIDA RIBERA,
QUIZÁ TENGAS LA PRIMERA
PRUEBA DE MI GRAN AMOR. 

SERÁ ENTONCES CUANDO DIGA
CON EL BRILLO DE MIS OJOS
A VOS, A LA PLAYA, AL CIELO,
TODO ESO QUE YO SIENTO
Y ES MI POESÍA MEJOR. 

TOMARÉ TU SUAVE MANO
MIENTRAS TE BAÑAS DE LUNA,
Y TE MIRARÉ SIN PRISA,
EN TANTO ONDEA LA BRISA
TUS CABELLOS A SU SON. 

ENTONCES, PEQUEÑA MÍA,
ASISTIRÁS A UN PRODIGIO:
VERÁS ENTREABIERTO EL CIELO
Y DESPOJADO DE VELOS
AL PROPIO ROSTRO DE DIOS. 

SERÁ ASÍ EL MISMO SUPREMO
QUIEN TE DIRÁ, VIDA MÍA:
"ESTE ES EL HOMBRE ELEGIDO
POR MÍ DESDE ALGÚN PRINCIPIO
PARA COLMAR TU PASIÓN ". 

"TE AMA MÁS DE LO QUE CREES,
AÚN MÁS DE LO QUE ESPERABAS.
NO HAY PALABRAS EN SU IDIOMA
PARA QUE DE ALGUNA FORMA
PUEDA CANTARTE SU AMOR.". 

"POR ESO ES QUE HOY YO QUISE
CONTEMPLAR CUÁNTO SE AMAN,
Y CON LENGUAJE DIVINO
HACER LLEGAR A TU OÍDO
LA VOZ DE SU CORAZÓN".


A OLGA
(1999)


Ya hace unos cuantos años, recordando como siempre a mi padre, Joaquín, que había nacido como Fangio y como Sábato en junio de 1911, decidí volver a escribirle a éste - no fue la primera ni última vez - por dos motivos fundamentales: Fangio ya no vivía pero Sábato sí, y ambos se parecían mucho a mi padre en muchos aspectos de su personalidad.
En una carta breve, porque sabía que las mías y las de él debían ser así, le dije que lo había designado "mi padre adoptivo", expresándole suscintamente las razones. Me escribió la respuesta con su máquina antigua y usando, como creo que casi siempre, la cinta roja. Allí decía simplemente "Gracias", seguida de mi nombre. Y la firmó con su caligrafía casi microscópica que cuando la vieron mis amigos dijeron que parecía "una procesión de hormigas".
Es así que hoy, 30 de abril, volví a quedar huérfano. Cuando Ernesto, Juan Manuel y Joaquín iban rumbo al centenario de su nacimiento. Y, curiosamente, al morir Jorge Sábato sentí que de algún modo perdía un hermano, y al morir Matilde, cuando envié un telegrama a Ernesto desde una oficina de correos cercana a Canal 13 se me figuró como si estuviera consolando a mi padre por la muerte de mi madre.
Más de una vez algún familiar me preguntó por qué no lo llamábamos por teléfono para coordinar una visita a su casa de Bonifacini 1147, en Santos Lugares. Pero en los primeros tiempos no me animé "por no molestarlo", y más tarde tampoco lo hice por sentir que cuando uno admira a alguien no debe conocerlo personalmente, ya que existe el riesgo de que no sea como uno se lo había imaginado, decepción que dicen haber sentido muchos aunque no en este caso.
Y me limité a buscar cómo llegar desde Ensenada a su casa siguiendo los planos de la Filcar, trayecto que nunca realicé.
Hoy el cansado cuerpo centenario de Ernesto Sábato dejó salir su alma allí aprisionada para que alcanzara por fin la vastedad de ese universo que él tanto había estudiado y hasta tratado de comprender. Y ya nuestro encuentro deberá ser - si lo es - en otra dimensión. Pero no desisto de que ocurra. Creo que me lo he ganado.
Y las palabras de sus vecinos de toda la vida me hicieron sentir la emoción y el orgullo que vi reflejados en el rostro de Mario, mi otro "hermano" al que también admiro.
¿Qué méritos tiene la vida de Sábato?
Primero, ser un buen vecino a lo largo de toda una vida familiar transcurrida frente al Club Defensores de Santos Lugares. Un hombre que deslumbraba por sus conocimientos pero que nunca se ufanaba de ellos de modo que esos vecinos no se sintieran incómodos sino felices de comprender cosas importantes y de aprenderlas, como ellos mismos lo hicieran notar.
Segundo, ser un revolucionario de izquierda en los tiempos que es normal, natural y frecuente en jóvenes estudiantes del Colegio Nacional de La Plata y luego en la Universidad de allí. Hasta que la situación parece haberse puesto insostenible y el joven Doctor en Física decidió viajar - escapar - a Francia para incorporarse como investigador en París.
Tercero, haber tenido la libertad espiritual de abandonar su trabajo científico para retornar a la literatura por entender que por este camino humanista podía encontrar más formas de ayudar a sus semejantes que a través de fórmulas y descubrimientos físicos.
Cuarto, aceptar su designación en la CONADEP y aceptar ser su presidente, tarea que realizó a conciencia pese a que muchas, demasiadas veces lloró ante las historias terribles de las que se iba enterando. Y esos relatos seguramente lo hicieron exclamar cada una de esas mismas veces, un "nunca más" que se volvió en lema para casi todos los argentinos.
Hay más méritos pero con estos bastaría para comprender que estamos hablando de un tipo notable, un vecino de Santos Lugares que era eso, vecino, y además escritor brillante, pintor destacado, científico, hombre público famoso en el mundo, ganador del premio "Cervantes", etc., pero recordando él y haciendo recordar ese calificativo de "vecino" que no cualquiera luce con orgullo.
Porque no cualquiera vive en la casa frente a un club cuya biblioteca lleva su nombre. no cualquiera tiene como alumnos inesperados a sus propios vecinos cuando cualquier sábado a la tarde - porque lo hacía todos los sábados - se sentaba con ellos en el bar del club a compartir un café y a explicarles, por ejemplo, qué es el mundo, qué es la vida, por qué los humanos tienen derechos inalienables, etc.
Por eso encabecé esta nota diciendo que la voz de Sábato era la de muchos argentinos, la mayoría, que no suelen hablar. Porque no se animan, o porque saben lo que sienten pero no saben cómo expresarlo. Y como sus vecinos eran un ejemplo en alguno de esos casos, se convirtieron en receptores de sus improvisadas conferencias sabatinas (por ser los sábados y por ser de Sábato) en las que, casi hablando él sólo porque así solía hacerlo, para darles los argumentos, las conclusiones y las consecuencias de cada tema.
Es así que la muerte de Ernesto no es el final de nada sino el comienzo de mucho. Hoy no murió Sábato. Hoy nació para toda una sociedad que no lo conocía o que no quería reconocerle los valores que ahora irán surgiendo a medida que un filósofo, un escritor, un político, un historiador o un hombre o mujer común, por ejemplo un vecino o vecina, pregunte retóricamente: "¿vos sabés quién era Ernesto Sábato?".
Y yo tengo, afortunadamente, una respuesta, no biológicamente cierta pero sí verdadera desde el corazón: "¿Sábato? Era mi viejo..."

Daniel Aníbal Galatro
dgalatrog@hotmail.com
Imagen: "Sábato" - por Álvarez


En el año 1963 ingresé a la Facultad de Química y Farmacia de la UNLP para hacer el Doctorado en Ciencias Bioquímicas. Venía de Mar del Plata luego de un año "sabático" obligado por equivocar la fecha de inscripción en Córdoba - todo un tema que algún día quizá relate. Sin embargo había aprovechado ese hueco para trabajar por primera vez (en una empresa propiedad de Capra) y para visitar casi a diario la Biblioteca Municipal para leer ávidamente todo lo de Biología que se me ponía al alcance.

La vida tiene compensaciones inesperadas, y ese año lo recuperé cuando en el sorteo del Servicio Militar Obligatorio me salió un "005" que me exceptuó de esa obligación.

Comenzar la Universidad viviendo a 400 kilómetros de mi casa, rodeado de "todo nuevo", era una experiencia muy interesante, a ratos agradable, a ratos no tanto.

Allí me crucé por primera vez también con el Análisis Matemático, asunto que como Perito Mercantil estaba lejos de dominar a pesar del 10 en Matemáticas Financieras que traía en el boletín de 5to. año.
Se convirtió en el muro más complejo que debía superar, y la frialdad con que nos albergaban de mala gana en la Facultad de Ingeniería para darnos ese conocimiento aumentaba mi bronca y mi resentimiento.

Entonces fue cuando, seguramente cerca del último parcial o quizá antes del final, me dio un brote de rebeldía que me llevó a escribir algo con tinta roja, terminado con tachaduras y enmiendas, que milagrosamente hoy tengo ante mis ojos porque algo hizo que lo conservara a lo largo de un camino de casi 50 años.

Es un chico de 20 años, con alma de escritor, que protesta de alguna forma contra ese mundo al que hasta poco tiempo atrás ni siquiera se había asomado.

Hoy, cuando doy clases de muchos temas de Análisis Matemáticos y lo hago con gusto porque esta disciplina me abrió campos de pensamiento que disfruto e intento hacer menos áridos a mis alumnos, me suena raro lo que escribí pero comprendo a ese Daniel que se quejaba amargamente e intentaba derrotar al enemigo con otros armas: las de un Humanismo que lo impregnaba y, afortunadamente, nunca lo abandonó.

Aquí va la transcripción de esa "proclama". "Dos más de cuatro", diría Niní Marshall, seguramente la compartirán.
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ANÁLISIS MATEMÁTICO

El Análisis Matemático es el hall de una nueva vida. Una vida cuyos placeres y sinsabores pueden graficarse en coordenadas; una vida cuyos instantes más extraordinarios pueden ordenarse en forma de serie convergente.

Los hay que hallan, entre sus retículos numéricos, satisfacción para sus atribulados espíritus, anhelantes de ser cuantificados.

Mas yo me rebelo ante ese monstruo, que bajo la máscara de un Instrumento Amigo oculta el simétrico cerebro que intenta cambiar suspiros por límites, risas por derivadas, llanto por integrales.

No, señor Sadosky, mi alma no tiene límite ni es derivable en ninguno de sus puntos. No podrá, por extrapolación, hallar exactamente lo que haré mañana. No medirá mi pena ni mi júbilo con tontas ecuaciones paramétricas. No encerrará mi ser entre barrotes formados por corchetes y paréntesis, pues siempre saldré como variable, riendo de las reglas factoriales.

No crea que reniego de su "Análisis". Necio sería olvidar que en este mundo son comer y razonar indispensables. Mas no arderé totalmente en esos fuegos, ni devorado seré por esas fauces.

Pondré más vida en el amor o el odio que en la resolución de logaritmos. Permutaré orgulloso mil discriminantes por una sola sonrisa de inocente, un rubor de mejillas quinceañeras, una flor, una gota, un sol ardiente.

Y en el punto en que sus Matemáticas su impotencia con desconsuelo lloren, asomará mi espíritu aún naciente pisoteando indeterminaciones.

Daniel Aníbal Galatro
Circa 1964
La Plata - Argentina



Querida Candela:

Hace unas horas terminó lo que parece ser sólo un capítulo más de una historia que te tuvo como espectadora al principio y como protagonista principal en esta etapa de tu final.

Y, como tantas otras que hemos vivido antes y durante tu existencia en este mundo, tu caso me movió hasta lo más profundo. Te fuiste haciendo algo mío, como una hija más, como una nieta más. Porque lo que te sucedió también podría haberle ocurrido a una de ellas.

Hoy, cuando tu cuerpito maltratado está siendo despedido para siempre, sé que desde algún lugar te estarás preguntando ¿por qué yo?, ¿por qué a mí?.

Siento que me lo preguntás como me lo preguntaría una hija, una nieta. Y, como a ellas, le respondería que a muchos otros niños, a muchas otras niñas, a muchos otros jóvenes y adultos, les ha ocurrido algo parecido. Por eso vos fuiste apenas una más, por mucho que me duela sentirlo así. Y le sucederá a muchos otros, salvo que luchemos para evitarlo.

Porque no te quitó la vida solamente ése que apretó tu pequeño cuello. Todos los que compartimos con vos este tiempo y este lugar del mundo somos responsables, por lo que hicimos y por lo que no hicimos.

En estos últimos días todos hablamos de vos. Pero no a todos nos importabas vos porque eras Candela, una niña hermosa y vital que trataba cada día de hacer las cosas que sentías que te hacían feliz. Hubo quienes te vieron como una posibilidad de usarte para sus propios intereses.

Y no te digo por quienes te secuestraron y te mataron, ni por quienes debían cuidarte y te expusieron a que esto te ocurriera. Hubieron, hay y habrán otros que descubrieron y aplicaron tus situaciones de desaparición y de hallazgo para sumar harina para sus pequeños o grandes molinos personales.

Dicen que uno elige qué padres tendrá, y de ser así vos los elegiste para que tu destino en la Tierra se cumpliera. Pero hay quienes niegan eso y justifican todo con las reglas del azar. No lo sé. Nadie lo sabe realmente. A lo sumo, cree en alguna de esas cosas.

Pero todos o casi todos nos sentimos muy mal cuando nos vamos enterando de las medias verdades que nos relatan a través de los medios. Es que hace pocos días ni siquiera sabíamos que vos existías, y hoy nos duele que ya no estés. Y pensamos en lo que has experimentado desde que alguien te llevó como si fueran un objeto para usarte para sus fines y luego darte muerte y descartarte en un basural, cuando vos, "su cosa" ya no podías serle útil viva.

¿Cómo puede haber seres humanos tan perversos? ¿Por qué el Dios del que tantas veces te hablaron no hizo algo para que esto no pasara? El mundo es así y algo de eso pudiste apreciar desde más pequeña cuando veías por televisión que pasaban cosas muy tristes, que cada día aparecía gente llorando desconsoladamente porque algún familiar había sido asesinado para robarle algo de mucho o poco valor, que los aviones de un país bombardeaban ciudades de otro matando inocentes para conseguir algún beneficio en dinero, o algunas situaciones de ese tipo que ni vos ni nadie que no sean los responsables podría justificar.

Las personas somos así. Pequeñas, confundidas, espiritualmente enfermas, capaces de mentir, de dañar, de robar, y hasta de matar. Sintiendo luego remordimientos o sin sentir ninguno.

Esta vez fuiste vos la elegida, no importando demasiado por qué justamente vos, salvo a vos, la protagonista principal de esta historia que hoy todos observan desde su enfoque personal, individual y diferente.

Es así, Candela, es así. Todos los días muere gente por las más variadas causas. Porque morir es parte del vivir, el último acto de cada historia humana. Y a vos te tocó un muy feo final, por tu edad, por la forma en que te quitaron la vida, por la incapacidad de quienes te rodeaban, tanto muy cercanos como muy lejanos, para cuidarte como debíamos haberlo hecho.

Durante unos días más todos estaremos tratando de saber más sobre Candela Rodríguez, quizá por curiosidad natural, quizá por una ansiedad morbosa que es parte de una naturaleza humana, tal vez para intentar comprender por qué pasan esas cosas.

Luego te iremos olvidando. El rostro sonriente que se instaló en nuestra memoria y hoy evocamos con facilidad, se irá esfumando, y tu nombre se irá con él para que te recordemos como "la nena". Solamente quienes te conocieron bien y te amaron mantendrán la llama de tu ser encendida durante años, quizá muchos años. Para el resto, otro nombre y otro rostro reemplazarán al tuyo porque estarán relacionados con un nuevo caso. Y luego vendrán otros que se irán suplantando en el recuerdo colectivo.

Querida Candela, intentaré mantenerte en un lugarcito de mi corazón como un pequeño homenaje que pueda aliviar mi sentimiento de culpa por no hacer todo lo debido como ser humano para proteger a otro ser humano, en este caso, alguien que podía ser mi propia hija o mi propia nieta.

Te dejo un beso en tu alma porque tu cuerpo ya no puede sentirlo. Con todo mi pesar sincero que vos podés constatar ahora. No me conduelo con el dolor de otros porque no sé quiénes realmente sienten tu ausencia física.

Hay veces en las que ocurren cosas como ésta que me hacen dudar de la belleza de la vida, de la importancia de pertenecer al género humano. Pero ya se me va a pasar, porque algo sucederá hoy, mañana o pasado que me mostrará otros costados mucho más agradables de mi existencia.

Que descanses en paz, querida niña. Me hubiera gustado conocerte en otras circunstancias, viendo por la televisión alguno de tus logros que solamente pudiste imaginar porque Dios, el Destino o quien sea permitió que se frustraran en ese par de minutos en el que tu vida se apagó.

Habrá que cuidar mejor a las otras Candelas, a los otros Carlitos, a los otros niños que andan por el mundo y que cada día afrontan el riesgo de una muerte anticipada.

Y te pido que perdones a quienes hoy se ocupan de vos, tardíamente y quizá malamente. Perdonalos porque realmente no saben lo que hacen. Son simples seres humanos, pequeños, confundidos,... ya sabés.

Adiós, Candela.

Daniel Aníbal Galatro
1º de Septiembre de 2011

Se llamaba, en realidad, Rolando Domínguez Pardo.

Había nacido en Buenos Aires el 13 de Agosto de 1939, y falleció también allí el 5 de Mayo de 2011.

Se inició en lo relacionado con el espectáculo como director de fotonovelas en la revista Vosotras.

En los años 60 comenzó a presentarse como cantante, grabando varios discos para la RCA Víctor.

Pronto debutó como actor en "Una máscara para Ana", participando luego en un total de 24 películas.

Secundó a artistas como Juan Carlos Altavista, Nelly Beltrán, Sandro, Blanca del Prado, Fidel Pintos, Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Javier Portales, Susana Giménez, Darío Víttori, Emilio Disi, Gino Renni y muchos más, no solamente en cine sino también en teatro y televisión.

Creo que todos lo veíamos como a un viejo conocido que, además, era actor. Un buen tipo del que nos hubiera gustado ser amigos.

Pese a que el cine y los videos nos van a recordar permanentemente su imagen cada vez que pongan "en pantalla" alguno de sus trabajos coprotagónicos o como actor secundario, lo vamos a extrañar. Porque nunca le hicimos saber adecuadamente cuánto representó en las vidas de tantos de sus coterráneos.

Se nos fue otro ícono de la segunda mitad del siglo XX y estos primeros años del XXI. Es la ley de la vida y la consecuencia de un hábito que ayuda a no vivir tan bien como podríamos.

Andaba en los 71 años. Luego de unos días de internación, abandonó este mundo. Pero dejó una huella, quizá tímida, livianita, superficial pero necesaria, porque era una presencia irreemplazable.

¡Chau, Rolo! Realmente te vamos a extrañar. No te fuiste del todo porque, te cuento, un cachito de vos quedó en nuestra memoria y en nuestro corazón.

Daniel Aníbal Galatro
6/5/2011


Mientras en estos momentos precisos, las doce y cuarto de la mañana londinense del 29 de abril de 2011, acaba de partir el carruaje que conduce a los ya esposos y duques de Cambridge, todos los que hemos sido espectadores a distancia del evento social de la monarquía del Reino Unido de la Gran Bretaña sentimos que quizá haya sido éste el último suceso de estas características que se realizará en el mundo.

O quizá no, puesto que en este planeta nuestro conviven varios "mundos" en los que conviven incluso los extremos más opuestos de paz y guerra, felicidad y angustia, amor y odio, riqueza y pobreza. ¿Es injusto que así sea? Tal vez no lo sea. Porque el ser humano aplica sus conceptos de justicia según su leal saber y entender, aquel a veces no es tan leal.

Y nos conformamos ante la vista de tanto boato en acontecimientos como esta boda diciéndonos que no es sencillo ser Alteza Real como los recientes esposados, porque tienen obligaciones rigurosas que los someten a protocolos estrictos coartadores de su libertad individual, etc.

Pero en el fondo sentimos que todo está muy lindo "como se ve en la televisión" esta mañana primaveral de Londres, pero que un niño hambriento de cualquier rincón del planeta puede estar de pie ante la vidriera de algun comercio de electrodomésticos, tratando inútilmente de comprender qué relación tiene eso que observa con la realidad cotidiana que él debe sufrir.

Y tiene una relación que usted y yo conocemos pero que nos cuesta demasiado comprender y solucionar, por lo que mucho menos podríamos explicarla a ese niño.

Catherine y William ya son mujer y marido, y después de eso, cuando los sonidos de campanas, himnos y fanfarrias se vayan apagando, nosotros debemos seguir sobreviviendo como todos los días.

Daniel Aníbal Galatro

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Daniel Aníbal Galatro - A...

Daniel Anibal Galatro (escritor): Recuerdos de mi muerte - Daniel Aníbal Galatro - A...: No tan grande, ni tan iluminado, pero esta es la imagen de auditorio más parecida que encontré. --- En mis andanzas extracorpóreas que me...

**Visita:http://bohemiaylibre.blogspot.com

No tan grande, ni tan iluminado, pero esta es la imagen de auditorio más parecida que encontré.
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En mis andanzas extracorpóreas que me llevaron por los diversos lugares que voy recordando en estos apuntes, un punto de atracción importante fue el "centro de cómputos" que funcionaba en el entrepiso del hotel del Dr Richardson. Ahora que lo pienso, ese hotel no tenía en su exterior ningún cartel identificatorio por lo que me quedé sin saber cuál era su nombre. Pero todos sabíamos (también yo) de qué se trataba.

Acceso al edificio, unos pasos hasta los escalones, subida al entrepiso, pasillo hacia el fondo, vuelta a la izquierda, unos cuantos pasos, un par más de escalones y allí estaba la puerta de madera, que creo recordar estaba pintada de rojo.

Ingresando se veía, un par de metros más allá, la gran computadora con José Luis como único operador autorizado.

Un detalle: las enfermeras estaban con uniforme verde, las médicas de terapia batas color limón pero muy claras (de lejos parecían blancas), y José Luis era el único que vestía un guardapolvos rojo.

Al entrar a ese lugar y recorrer ese pequeño pasillo, aparecía a la derecha una puerta que las primeras veces encontré siempre cerrada pero que una vez se abrió porque organizamos la presentación de una actividad de la PC para mostrar a parte del personal algunas posibilidades que brindaba el equipo.

Por esa puerta se entraba a una especie de microcine de unos 5 metros de ancho por 6 ó 7 metros de fondo, con una platea escalonada como una tribuna. Estimo que tenía capacidad para unas 30 personas y en la pared opuesta a la puerta había un monitor gigante "de pared a pared", es decir, de 5 metros de ancho por unos 3,5 metros de alto.Allí aparecerían luego las imágenes surgidas de la computadora central.

Creo que en realidad las presentaciones que realicé fueron dos, porque me parece recordar que en una no estuvo Olga pero en la otra sí, pero la que más se fijó en mi mente fue esta última.

Habían aceptado la invitación dos o tres médicas de terapia y unas seis o siete enfermeras. En la última fila estaban sentados José Luis con su bata roja y Olga. Me quedé de pie junto a la puerta para poder ir viendo bien las imágenes y relatarlas a la audiencia.

Se trataba, dije allí (sin saber de dónde saqué esa información), de un nuevo programa llamado Power Point 2, que permitía brindar una presentación visual dinámica de imágenes generadas por el Google Earth de modo de poder realizar "paseos virtuales" por el lugar que se eligiera. Era como sobrevolar el mapa con un avión o un helicóptero que se desplazaba "piloteado" por el operador de la PC.

Como estaba allí Olga que por esos días vivía llorando la ausencia de sus hijos, y también estaba yo que extrañaba las mías, decidí sobrevolar con ese programa el área de Ensenada, la ciudad en la que habían quedado seis de los siete descendientes y ocho de los por entonces nueve nietos (que ahora ya son once).

Al encenderse el monitor y aparecer la imagen, se veía desde el avión como si estuviese sobrevolando la Plaza Moreno de La Plata rumbo al río. Por eso se distinguían en el mapa la zona de El Dique y, allá en el fondo, la Ensenada de Barragán.

Expliqué a los asistentes que había dos caminos para llegar desde La Plata hasta Ensenada: el de la izquierda era el "Camino Rivadavia" y el de la derecha, la prolongación de la calle 43 de la capital provincial.

Propuse al operador que tomara el Rivadavia, volando por encima de ese camino. Se veía la superficie como una fotografía en la que aparecía algún vehículo (por supuesto inmóvil) y muchas zonas borrosas a sus costados que semejaban pastizales. Así hasta llegar cerca de ese camino en su intersección con la calle Francisco Cestino (intersección imposible en la realidad porque el camino accede a Ensenada poco antes de su cruce con la a la altura de Perón y Avenida Bossinga). Pero en ese mapa era así.

Mencioné que a la izquierda se podía ir hacia Punta Lara, donde Olga tenía su hija mayor y dos nietos, pero que para no hacer tan largo el recorrido no íbamos a llegar hacia allí. Una de las doctoras presentes dijo que prefería eso porque años atrás había tenido un novio viviendo allí (o quizá un "algo más que novio") con el que las cosas habían terminado muy mal. Incluso dijo su nombre y apellido (que no voy a develar aquí por si el sueño no era, como creo, un sueño). Las otras doctoras se rieron bajito cuando ella lo mencionó, como haciendo notar que sabían de qué se trataba, y yo no me atreví a preguntar nada.

Al cruzar la Avenida Bossinga seguimos por Francisco Cestino. El primer punto que resalté allí fue que estábamos pasando sobre la casa de Rauli, el único hijo varón. Y allí Olga no aguantó más, se puso de espaldas a la pantalla y comenzó a llorar desconsoladamente. Eso me puso mal, y a partir de ese momento traté de que la presentación fuera lo más breve posible para no seguir torturándola.

Comenté que unas cuadras hacia la derecha sobre la Avenida estaba la casa de la familia de Olga y di unos pocos datos sobre quienes allí vivían, la gomería fundada por el padre, y poco más pues el avión seguía avanzando por la Francisco Cestino. Al cruzar la calle San Martín, indiqué que a unas cuadras a la derecha vivía Ceci, mi hija, con su esposo y sus dos hijos, pero no doblamos. También hablé sobre el Club Náutico que aparecía a la izquierda, que la doctora que antes mencioné dijo que conocía porque había ido con su novio alguna vez allí.

Giramos a la derecha por una calle que supongo hoy que era La Merced. Les hablé sobre el edificio de la municipalidad, la iglesia, la plaza, la escuela 1 y todo lo que desde en las imágenes aparecía. Al llegar a la intersección con la calle Perú les señalé que a la izquierda, a una cuadra y media, vivía otra de mis hijas, Marina, con su esposo y sus dos hijos.

Seguimos sobrevolando La Merced hasta Horacio Cestino, cruzamos por sobre el puente de la calle Ortiz de Rozas y llegamos al borde del Puerto.

Allí terminó el paseo, se apagó el monitor, se encendieron las luces del saloncito y yo me dediqué a consolar a Olga que seguía llorando profusamente. Supongo que en ese momento volví al mundo real porque de pronto todo desapareció.

Fue una experiencia muy intensa que me quedó grabada con claridad. No he puesto aquí todos los detalles sino los que me parecen más significativos para quien lee este apunte.

Antes de escribirlo consulté con Olga pidiéndole autorización para mencionar nuestros hijos y su situación tan penosa durante la proyección del audiovisual. Me dijo que sí, que era importante para comprender que todo lo vivido fuera del cuerpo tenía muchísimos puntos de contacto con nuestra realidad en ese momento de la vida. Por eso lo transcribí.

Si mentir es decir lo contrario de lo que uno piensa, en ningún momento he mentido ni mentiré en este relato. Por eso no es "de ficción" ya que no hay situaciones ni personajes "creados" por mí. Son recuerdos claros que tres años largos después se siguen aferrando a mi mente. La imagen del mapa que sobrevolamos está presente como si estuviese viéndolo hoy, el pequeño salón auditorio, los asistentes...

Como todo lo que describí en mis apuntes anteriores y todo lo que describiré. Gracias por seguirme ayudando es transcribir esta historia. Sin el estímulo de ustedes, amigos, no lo hubiera hecho. Porque era más sencillo transmitir alguna mentira creíble que lo que me resulta volcar en palabras esta verdad increíble.

Un saludo afectuoso.

Daniel Aníbal Galatro