¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?
Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.
El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.
Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?
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Un viejo libro de César Vallejo - nota de Delfina Acosta (Asunción-Paraguay)
Antes de encontrarlo, enfermo ya de humedad, y con ese olor característico de páginas invadidas por los ácaros, me topé, así, como con un aire de violetas, con el libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
Es difícil, casi imposible, pasar por alto aquel hermoso texto de Pablo Neruda, pues el mismo resulta ser la conjunción de toda la poesía de Latinoamérica, y más todavía. Tiene tanto ayer, como presente, y futuro.
Leí el poema número 20, y luego, leyendo ya a Vallejo, me llegó la interrogación suprema que invariablemente se me presenta cuando me encuentro con la obra de poetas densos, difíciles, profundos. ¿Por qué tanto error gramatical premeditado siendo la lengua española motivo de enseñanza y donaire? Cierto es que los errores gramaticales son la vergüenza de la poesía, de la literatura misma.
Pero aquellos errores gramaticales suyos, junto con una suerte de juego a que juego con la sintaxis, fueron, sin embargo, preparando un destino luminoso, estrellado. Trilce, el segundo poemario del poeta peruano, marcó definitivamente a las generaciones de líricos que después vinieron. Y los críticos alabaron a este poeta hispanoamericano.
Y es que mucho valor deben de tener esas palabras que se dicen y que no se dicen, ese juego de vaciar los términos de diccionario en el aire, con un movimiento cotidiano, con un juego coqueto de la cola, con una invención que rompe esquemas, definitivamente.
Pero si ya lo decía Antenor Orrego, el autor del prólogo, quien descubre en el vate una “técnica renovadora y distinta, la vocalización de la palabra original, la edénica puerilidad del vocablo, una manera personal y directa con que el poeta rompe a hablar porque acaba de descubrir el verbo”.
Sí. Cierto es que su lirismo es la clave de su éxito. Su lirismo inspira, porque es hijo, o costado de otra estrella del universo. No es el lirismo al que nos tienen acostumbrados los viejos, los antiguos poetas.
Es un lirismo de dos o tres maneras. Hostiga a la amada. Apremia a su querida. Lamenta la ausencia de su amante. Y esto lo hace con un lenguaje que es el fermento de una cotidianidad ácida. Porque todo es ácido y relumbrante en él. Aunque el ejercicio de su arte poético se recrea y se entusiasma en las alas de la libertad.
Yo creo que la revista TRILCE, creada en Chile, por Omar Lara, hace un honor gigante a César Vallejo.
Las palabras, que corren como aguas, citan a otros poetas que trabajaron en la elaboración de la urdimbre trilceana: Luis Oyarzún, Walter Hoefler, Federico Schof, Juan Epple, Enrique Valdés.
Esa catarsis de su poesía, ese modo de irse de las palabras que conforman, por la ley del pensamiento y del sentido común, una unidad dentro del poema, ha entusiasmado a muchas generaciones.
Se derrumbó el esquema de una poesía tradicional. Se empezó a elaborar una trama donde el lenguaje respondía a los placeres de la anarquía.
César Vallejo es un gran poeta. Y su poemario Trilce desconcierta, abruma, pero tiene ese algo, esa chispa de la genialidad, que levanta los brotes de la inspiración en quienes lo leen.
Delfina Acosta
17 de Julio de 2010
abc digital
ESCRITOR DE UN SIGLO (para Sábato) - Alexander Jesus Rozo
Publicada en 1948, aunque es un libro breve, no es ningún divertimento. Es un taladro o una piedra. Con lágrimas en los ojos, el mismo Sabato confesaba que preferiría no haberlo escrito jamás de haber sabido que tras su lectura, una adolescente había intentado prenderse fuego en Chile. La anecdota me la contó un profesor, quien de paso indicaba que en el caso de algunos libros, se les debería colocar algo así como las contraindicaciones que se usan con las medicinas o, llegado el caso, no dejarlos al alcance de ciertas personas o sacrlos de circulación. Y es que EL TÚNEL es un monumento a la misantropía que surge del monstruo que prohija la razón, pero también de la obsesión, que conviven juntas en el personaje.
Juan Pablo Castell es un artista. Un intelectual. Un asesino. Lo sabemos desde el principio por confesión propia. No uno potencial como Harry Haller, el lobo estepario, de quien es inevitable no hallar ecos aquí. No, Castell es un antisocial declarado, de cuyo relato en primera persona no huímos porque a pesar de su crimen consumado, nos promete explicarnos como llegó hasta allá y porqué, y ya se sabe que aún el peor de los genocidas debe ser escuchado. Porque no lo haríamos con alguien que mató a una persona por por razones aparentemente pasionales, y que ha señalado absoluta honestidad en sus descargos, y que narra con una voz singular y poderosa su historia. Que nos desarma, y en vez de prevenirnos, nos conmueve y absorbe, al comprobar el talante solitario que clama amor, la visión descarnada pero estética de la vida y el destino trágico pero fascinante de aquel con quien atravesamos EL TÚNEL. Al escucharlo entendemos que también esta novela es un tratado sobre el sufrimiento, y como en toda gran literatura, es una historia de amor, lo que hace que posterguemos cualquier juicio, y entedamos que parte de la condena es esa.
EL TÚNEL es un libro siniestro, amargo, intenso, porque las línea de la escritura de Sabato se nutrió de la observación del siglo XX, y también de su pensamiento: el psicoanális, el existencialísmo, el dadaísmo, pero igual de dos guerras mundiales, el ascenso del fascismo, el fracaso del comunísmo, la masificación que irónicamente llenó de soledad las ciudades y las sembró de prevenciones y frialdad, llevando a Sartre a decir que el infierno son los otros. Castel suscribiría esa afirmación con un añadido de paranóia: odia los grupos, desconfía de la memoria colectiva, desprecia a los críticos de arte, siente repugnancia ante la caridad, pondera el suicidio como salida, se autoanaliza todo el tiempo. Aveces es Hamlet, otras Otelo, experimenta la culpa, el desencanto, la obstinación y la tendencia autodestructiva propia de los hombres incapaces de dominar sus pasiones. Castell es un engendro de la racionalidad, pero parece un niño indefenso ante la tempestad de su amor burlado, no correspondido o nunca comprendido. Y su destino atroz ante la incapaciadad de retirarse a tiempo, es matar lo que ama. ¿Sería este terrible drama el que llevó a aquella adolescente a prenderse fuego, y años despues a Sabato a escribir dirigido a los jóvenes LA RESISTENCIA, ese libro cargado paradójicamente de esperanza? No se. Pero si lo creo.
Me intriga mas sin embargo pensar que es lo que quizo transmitir con EL TÚNEL en su momento cuando se hablaba de crisis de la razón. ¿Acaso sea la pasión ese túnel y tenga una sola salida, o sea la vida el túnel de una obsesión, cuyas salidas son solo la razón o la pasión? Castell ve el amor como dos túneles paralelos que desembocan en un mismo punto. O será que el amor solo es del que lo siente y el otro no tiene la culpa y no está ni por insistencia obligado a corresponder. Lo único que parece dejar claro el libro en un plano mas general es que es casi imposible amar al prójimo porque si. En todo caso Pascal tenía razón al indicar que hay razones del corazón, que la razón no entiende. Siempre estamos en la mitad del túnel debatíendonos, creo yo, y todos llevamos un Juan Pablo Castell adentro. Lo cierto es que este nos cuenta su historia con cabeza fria, y peor que esa celda desde la que nos habla, es tal vez el olvido, que es tan largo(y quizá el verdadero túnel), como corto el amor, decía Neruda. ¿Razón o pasión?, ¿quien manda a quien?,¿como? ¿que hacer?. Sabato pasó en un momento de su vida de los laboratorios y las fórmulas al pensamiento y las letras. Si lo leyeron ustedes tienen la palabra. Y ojalá la razón.
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