Todavía es temprano para que te dé detalles. Aunque parezca mentira, 34 años no han sido suficientes para reparar las heridas que todo esto produjo en mi corazón. Por ese tiempo, los que para muchos eran "los subversivos" eran "mis chicos, mis alumnos". Entonces no fue algo que vi desde afuera sino algo que viví desde adentro. Y lloré cada muerto y cada desaparecido que iba surgiendo en las tapas de los diarios y los comentarios de los vecinos. De ambos lados, porque en ambos tenía amigos a los que estimaba profundamente.
¡Juan Domingo! ¡Un café doble, por favor! Hoy es un día triste, no solamente para los que en ese extenso lapso de nuestra historia perdieron a sus propios familiares y amigos sino para los que fuimos viendo cómo poco a poco nos entramparon en una lucha interna para defender, sabiendo o sin saberlo, proyectos externos.
Gracias, Juancito. Tomá, cobrate. Y agradecele al patrón por haber abierto el barcito. Así pudimos reunirnos para seguir por la tele un rato de los actos que hoy se realizan.
¿Vos sos creyente? ¿Sí? Entonces elevá una plegaria por todos los que murieron en esa circunstancia atroz que nos fue dado padecer. Y por todos los que sufrieron las consecuencias y fueron perseguidos, amenazados, torturados por solamente expresar su opinión a favor o en contra de algo o de alguien.
Por los que debieron ocultarse, por los que debieron exiliarse. Por todos.
¿Es tiempo de olvidar? Seguramente no podríamos hacerlo, aunque quisiéramos, los que vivimos de cerca esos tiempos. Y tampoco sería bueno. Es una porción de historia que recorrimos y que debe tenerse presente para no repetir errores, para no enfrentarnos por temas que podemos debatir sin agresiones.
Hoy es un día triste, amigo. Lo estamos viviendo quienes tenemos nuestros hijos y nietos cerca, pero también quienes han puesto una flor ante una fotografía o ante una tumba para recordar a quienes ya no están.
Es temprano, todavía. Treinta y pico de años no nos permiten saber si hemos aprendido algo. Y los que somos muy grandes, quizá nunca lo sabremos. Pero lo deseo de todo corazón. Que realmente nunca más se enfrentarán hermanos contra hermanos en este maravilloso país. No porque soporten sino porque no existan motivos para hacerlo.
¿Por qué me mirás así? ¿Creés que soy un soñador quizá pacato y temeroso? ¿Que nunca llegaría a emplear la violencia para luchar contra una injusticia? ¿Que no defendería a mis seres queridos contra la agresión de poderosos? Quizá sí lo haría. Es muy posible. Pero prefiero nunca tener que verificarlo.
Bueno, amigo, vuelvo a casa. A sollozar, seguramente. A enojarme,también. A atravesar este día buscando que mañana siga pudiendo expresarme cada vez con mayor libertad. Esa libertad individual que desde ángulos a veces correctos y otras equivocados defendí. Y a la que consagré mi vida, costara lo que costara.
¡Chau, Juan Domingo! ¡Vos que sos joven y no viviste personalmente nada de esto, averiguá qué pasó, recogé todas las opiniones y formá la tuya propia!
Hasta mañana, amigo. Y acordate: rezá o pensá o sentí algo que haga que este pasado tenebroso sirva para algo más pleno de luz.
