¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?
Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.
El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.
Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?
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AMOROSIS por: Alexander Jesus Rozo
Era un pueblo con río - por Delfina Acosta
Bastante ha cambiado por dentro, las veces que su sangre se ha detenido, pues muchos de sus moradores ya no están, y en su reemplazo (la cal y la arena no tienen memoria), han sido levantados muros, casas con fachadas que llaman la atención de los extraños, por su diseño y por sus colores variados.
Permanece, como un árbol estoico, fiel a la colina, la casa de los Navarro. Por lo menos, aún están inalterables aquellos hieráticos leones de sus pilares, que tanto ponderó en su visita al pueblo, el escritor y poeta Hugo Rodríguez-Alcalá.
También permanece, fiel a la historia, a un tiempo ido para siempre y por siempre, la gran casa de corredor yeré (única en su género), de don Blas Fretes. La construcción es un cúmulo de arquitectura, y un sitio que nos retrotrae a un pasado de formas antiguas junto con la iglesia “Virgen del Rosario” y la plaza, ahora toda vestida de novedad.
Antes las casas eran viejas, y la gente también.
Y había un sitio, el local del Centro Jóvenes Unidos, al que íbamos las muchachas sábado tras sábado, para bailar siguiendo las intenciones de las canciones de gente muy de moda, talentos como Sergio Denis, Los ángeles negros, Nino Bravo, Nicola Di Bari. Y cómo nos animábamos cuando caía una ligera llovizna, pues entonces sabíamos que no llevaríamos la cuenta del tiempo, y nos desplazaríamos en su transcurso sin saber ya de nosotras, mientras nuestros padres rezongarían, con razón, en nuestras casas.
Villeta es otro sitio. Dos semanas atrás estuve por allí, y me quedé gratamente sorprendida al observar sus semáforos hace poco tiempo instalados. Pero si antes caminábamos por las calles, y la gente llevaba conversación tranquila, en plena ruta, transitada, de cuando en cuando, por algún viejo colectivo.
La calle o avenida principal del pueblo se llama Mariscal Francisco Solano López. Y creo que podría superar en originalidad a otros pueblos del interior del país, pues son sus canteros, surtidos con plantas diversas, una atractiva estampa que da su sello aparte a la llamada “Vereda única”.
Pero eso no es todo.
Un poco de paciencia, porque quiero contar al turista, a la gente de los alrededores, la exquisitez que se aprecia en sus pérgolas, sus bancos y sus faroles.
La Municipalidad de Villeta ha hecho posible ese nuevo rostro del pueblo, y es digno de destacar.
Y el pueblo es otro, pero también es el mismo.
Está instalado en las costumbres de su gente.
Y que sepa la gente, que sus primeros años, los de su niñez, los vivió en ella, el ilustre don Manuel Gondra. De modo que este pueblo que se levanta y se acuesta todos los días con el río Paraguay, está entreverado con la historia.
Tiene un polvo del pasado, y un vigor y un afán del futuro, Villet Del Guarnipitán.
No hago publicidad de mi pago. Digo lo que veo, lo que constato, lo que la gente de dicho sitio es capaz de hacer, mediante la fuerza de voluntad.
Y qué más decir, sino que ese sitio, desde cuyo puerto se exportaban, tiempo atrás, naranjas al exterior, hoy se abre a mejores aires con colegios y escuelas que cuentan con surtidas bibliotecas.
Larga vida a ese pueblo, que es otro, pero también es el mismo.
delfina@abc.com.py
Alguien pregunta.
Al rescate de un poema atribuido a Borges
Hace más de veinte años, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince encontró en los bolsillos de su padre asesinado un poema desconocido atribuido a Jorge Luis Borges. A partir de entonces, se zambulló en una pesquisa que lo llevó de Francia hasta la Argentina para confirmar la autoría del mismo. "Nunca tuve dudas", asegura en esta entrevista.
"Esperé mucho tiempo. No sólo para escribir la historia sino para darme cuenta de que había una historia", dice ahora Abad. Hace dos años pudo escribir un libro sobre su padre, El olvido que seremos, lo tituló. "Hablo de la bondad de mi padre y de la maldad de los asesinos; el soneto todavía no me importaba", comenta Abad. Al final, hay una mención del poema. Tardó 20 años para escribir ese libro, acompasado por el dolor. Y durante esos 20 años no pasó nada.
Pero de repente, a la luz del éxito comercial de su obra, el poema se volvió polémica. Ganó una importancia repentina. "Muchos me acusaron. Decían que estaba tratando de unir mi nombre de enano a la figura gigantesca de Borges para vender", recuerda Abad. Entonces todo el mundo empezó a negar que el poema fuera de Borges.
Decían, sin vueltas, que Abad había inventado eso del poema en el bolsillo. "Pensé entonces que la belleza del poema debía ser rescatada, descubriendo a un autor distinto a Borges o confirmando que el poema era de él".
Abad decidió ir a fondo, fuera lo que fuera. Pero tenía varios problemas. El poema no aparece ni en la Obra Poética ni en las Obras Completas de Borges. Para colmo, perdió el papel que su padre había escrito de puño y letra. Pero ya estaba obsesionado, tenía que averiguar de quién era. Primero un poeta colombiano le dijo a Abad que ese poema había sido escrito después de la muerte de su padre. El soneto que Abad padre, defensor de los derechos humanos asesinado por los paramilitares, llevaba en su bolsillo, no había sido escrito. Toda una declaración.
El poeta colombiano no es otro que Harold Alvarado Tenorio. El publicó estos poemas en 1993. Lo hizo con errores de métrica, cambiando unas palabras y repitiendo otras. "Esto despistó a los expertos" que reafirmaron el plagio, detalla Abad. ¿Qué dice Tenorio? Al principio tenía varias versiones. "Me dijo que eran de él, luego que eran de Borges y que se los habían entregado a una amiga de él Nueva York", cuenta Abad, que lo entrevistó varias veces. ¿De dónde había sacado su padre entonces aquel poema, seis años antes de que los publicara Tenorio?
Enceguecido, Abad contrató a una estudiante para hurgar archivos y les escribió por e-mail a una decena de expertos en la obra de Borges. También le pidió a un amigo que auscultara a María Kodama. Mientras los académicos y la viuda de Borges certificaban el plagio, su asistente hacía la tarea. Entre otras cosas publicó un artículo en un periódico de Medellín, pidiendo datos del poema. Y dio resultado. Un día, en la librería de culto que Abad tiene en Medellín, apareció repentinamente una mujer, Tita Botero. Sabía de dónde había copiado su padre el poema.
Botero le entregó a Abad un recorte de la revista Semana, del 26 de mayo de 1987, con una nota de introducción, una foto de Borges en el centro y abajo dos sonetos, explicados así: "Acaba de aparecer en Argentina un 'librito', hecho a mano, de 300 copias para distribuir entre amigos. El cuaderno fue publicado por Ediciones Anónimas y en él hay cinco poemas de Jorge Luis Borges, inéditos todos y, posiblemente, los últimos que escribió en vida. Casi un año después de la muerte de Borges, se publica este cuaderno por un grupo de estudiantes de Mendoza, Argentina, que tienen toda la credibilidad y el respeto para obligarse a decir la verdad. Aquí reproducimos dos de esos cinco últimos poemas de Borges." Uno era el suyo.
Su asistente hizo el resto. Buceando en la memoria consiguió los archivos del programa de radio que Abad padre hacía semanalmente en Medellín. En uno de ellos, el doctor había leído el poema. Y tenían la grabación. Abad volvió a escuchar la voz de su padre después de 20 años y con semejante confirmación fue a buscar a Tenorio, quien reconoció que fue Jaime Correas, uno de los estudiantes mendocinos que mencionaba Semana, quien le había hecho llegar los sonetos. "Tal como los había publicado Correas, los poemas sí eran atribuibles a Borges, eran perfectos", recuerda Abad. Los errores eran de Tenorio.
Abad consiguió el e-mail de Correas, quien le confirmó todo. Una de las puertas de esta historia, se abría en Mendoza. Correas, le contó su historia y Abad encontró en Correas la historia que siempre buscó. Esto es lo que cuenta Correas:
"Los sonetos fueron dados en mano por Borges a Franca Beer, una italiana que vivió en Mendoza casada con Guillermo Roux. Ambos, junto al poeta galo Jean-Dominique Rey, fueron a visitar a Borges. Roux hizo unos dibujos de él mientras el francés lo entrevistaba. Al final de la entrevista, Rey le pidió a Borges unos poemas inéditos. Borges le dijo que se los daría al día siguiente, para lo cual Franca volvió sola al otro día. Borges le dijo que abriera un cajón y que sacara unos poemas que allí había. Ella los tomó, hicieron copias y se los dio. Franca conoce acá a un personaje adorable, que hoy está viejito, pero vivo, llamado Coco Romairone. El se los hizo llegar a uno de mis compañeros. Yo los estudié y publicamos cinco de los seis que llegaron. Pero hay más, Rey los tradujo al francés y los publicó con los dibujos de Roux en Francia en su revista".
Pocos meses después, Abad viajó a Mendoza. "Tenía que conocer a Jaime Correas y a Coco Romairone, para que me dijeran todo cara a cara", cuenta. Fue también a Buenos Aires a ver a Franca Beer y a Guillermo Roux, y a París a encontrarse con Dominique Rey, los otros protagonistas de esta historia. "Me parecía importante que todos los que estaban involucrados en esta trama me lo dijeran frente a frente", dice Abad. Pero con los años también entre ellos surgieron algunas contradicciones. Franca Beer dice que fue a ella a quien entregaron los poemas y Dominique dice que fue a él. "Yo creo que Borges se los dio a los dos", reparte Abad.
Hasta que no fue a Mendoza y recibió aquel cuadernillo editado por Correas, hasta que no fue a París y vio a Dominique Rey con sus poemas con correcciones a mano, hasta que en Buenos Aires con Franca Beer y Guillermo Roux hablaron sobre aquel dibujo, todo era un juego de copias y originales intrigante y curioso. Pero entonces Abad se convenció de que los poemas eran en verdad de Borges. ¿Falta que los lectores y expertos piensen lo mismo? "Si quieren, yo ya estoy tranquilo", responde Abad.
Con el círculo cerrado, durante dos años Abad y Correas se fueron contando cosas. Quisieron escribir la historia a cuatro manos, convertirla en un libro. Pero no salió. Entonces decidieron que cada uno hiciera el suyo. Abad llegó a las 100 páginas y claudicó. "Era muy largo, como es una historia sobre Borges, necesita la concisión que Borges practicaba", reflexiona. Correas sí lo hizo, y vino con el manuscrito a Colombia para que Abad le de el visto bueno. En eso están, cruzando historias, sin mezquindades.
Ahora ambos, con sus historias paralelas que se tocan en muchos puntos, fueron la sensación del Festival Malpensante que se hizo en Colombia. En una mesa de Bogotá se agradecen mutuamente. Acaban de contar la historia juntos, frente a un auditorio colmado, que los aplaudió a rabiar. "Me regalaron su historia", dice Abad sobre los mendocinos. "Nunca tuve dudas. Hace 20 años que se que esos poemas son de Borges", suma Correas.
Hasta esta aparición de Héctor, y de su padre asesinado con el poema en el bolsillo, los poemas estaban ahí, en un cuadernillo publicado hace 20 años.
Ahora hay en el aire un sinfín de historias para contar, y tantos más protagonistas. Lo dice Correas, la discusión va a existir siempre, porque el único que podría dirimirla sería Borges. Pero a ninguno de ellos parece importarle el veredicto, su historia está cerrada. Abad lo tiene claro: "Salí a buscar al autor de ese poema para atribuírselo, aunque el mismo poema diga: No soy el insensato que se aferra, al mágico sonido de su nombre".
Bioy Casares tendrá su propia calle en la ciudad de Buenos Aires
La Legislatura porteña aprobó un proyecto de ley impulsado por Raúl Puy.
Fue aprobado el proyecto de ley impulsado por el presidente de la Comisión de Cultura de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, Raúl Puy, de imponer el nombre de Adolfo Bioy Casares al tramo de Schiaffino, entre Posadas y Avenida Alvear. El escritor nació en la calle Quintana y vivió en Posadas junto a su esposa Silvina Ocampo.
“El cambio de denominación propuesto se funda en la necesidad de homenajear a uno de los grandes maestros de la literatura argentina, y de hacerlo precisamente en un área de nuestra ciudad afín a su vida”, explicó Puy.
Adolfo Bioy Casares escribió su primera novela, “Iris y Margarita”, a los 11 años. Desde joven se inició en la escritura de ficciones, de temas fantásticos y policiales. Recibió el estímulo de su padre para publicar sus primeros libros en plena adolescencia tales como “Vanidad” en 1928 y un año más tarde, “Prólogo”.
Por otra parte la obra literaria del autor de “La invención de Morel” está sumamente ligada a la del autor de “Ficciones”. Decía Boy Casares refiriéndose a Borges que, “Yo sentía que para mí Borges era la literatura viviente y, de algún modo, él había sentido que yo compartía esa actitud ante las letras, que para mí era lo principal en la vida”.
Lo conoció en casa de la escritora Victoria Ocampo, y a partir de ese momento se convirtió en un amigo inseparable con quien escribirá páginas magistrales. Posteriormente conoció a Silvina Ocampo con quien contrajo matrimonio. Y en 1936 fundó la Revista Destiempo” junto a Jorge Luis Borges y con él también dirigió la prestigiosa colección de novelas policiales “El Séptimo Círculo”.
En 1940 escribió “La Invención de Morel”, su obra más famosa convirtiéndose en un clásico de la literatura contemporánea y marcando el verdadero inicio de su carrera literaria. Desde entonces, su contribución al mundo de las letras en la diversidad de novelas, cuentos, ensayos y antologías ha sido constante, aguda y prolífica.
“Este creador de universos literarios impulsado por la necesidad de saber qué es la literatura, este indagador lúcido e infatigable murió en su querida ciudad de Buenos Aires, hace 12 años y hoy recordamos una vez mas el aporte significativo que ha realizado en el mundo de las letras en el ámbito nacional e internacional”, concluyó Puy.








