¡SOY BOHEMIA ! ¿Y QUÉ?

Siempre me preguntan ¿que es ser Bohemio? les respondo : El Bohemio vive por vivir , se llena de angustia sin tener por qué, pero está alegre cuando otros no están.

El Bohemio vive su vida incansable de ideas ,algunas creativas y otras filosóficas, todas para hacer de su vida un paraíso. El Bohemio no teme, solo porque él vive su vida como quiere, ahora sin causarles daños a sus semejantes. Vive la vida con principios y hasta con responsibilidad pero hace lo que quiere cuando quiere. En la música encuentra pinturas, en las poesías encuentra música, y en las pinturas encuentra versos ...es así mientras que se bebe su copa y sin faltar un café en un bar escondido adonde solo se lee por la media luz y la atmósfera del tabaco. La noche es su tarima....ahi baila, canta, bebe, conversa y admira a otros como él. Se proclama el duende de la noche. Ve el mundo con otros ojos ...él ve colores en el cielo nublado, ve la melancolía en una rosa brillante en su esplendor.

Gracias a todos que entienden estas breves letras. ¡SÍIIIIIII!!!! ¡Soy una Bohemia !!! ¿y Qué?

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Poetas del pasado: Chani Couprié


Eres como mi duende
el cual no tiene forma
se junta con mi sombra
y me sigue sin cesar.

El mundo no importa
ni lo que en él existe
desde el día que te fuiste
todo es soledad.

Mi mente no coordina
cansada de extrañarte
te ve por todas partes
en forma inmaterial.

Porque el destino te arrebató
sin piedad de nuestro lado
jamás serás reemplazado.

Chiqui querido, adorado,
un vacío has dejado
imposible de llenar.

Chani Couprié
25 de Abril de 2001
Revista Villa Tranquila Nº 73
Ensenada - Argentina

"DESTELLOS" XII


"DESTELLOS" XI


Intercambio de: Lorenzo Kbrera



 Dame la llave de la paciencia,
así pacientemente espero tu regreso.
Dame las llaves de tus sueños,
así los mezclo con los míos.
Dame la llave del olvido,
así lo guardo en un territorio despoblado de mí memoria.
Dame la llave de las palabras,
así tomo algunas pocas
y te escribo el mejor poema del mundo.
Dame la llave de tus noches,
para bailar contigo en un cielo desordenado de estrellas.
Dame la llave de la tierra en que habitas,
así planto, finalmente en ella, mi esqueleto.
Dame la llave de tu infinito, que yo te daré,
definitivamente la llave de mi presente.

Lorenzo – Mayo 2011

Poema Contra La Muerte - de Gonzalo Rojas


Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio.

No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.

¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?

Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento allá abajo.

No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.

Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, pero no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.

---
Gonzalo Rojas Pizarro (Lebu, 20 de diciembre de 1917 – Santiago, 25 de abril de 2011) fue un profesor y poeta chileno perteneciente a la llamada «Generación de 1938».
Su obra se enmarca en la tradición continuadora de las vanguardias literarias latinoamericanas del siglo XX. Ampliamente reconocido a nivel Hispanoamericano, fue galardonado, entre otros, con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, el Premio Nacional de Literatura de Chile1992 y el Premio Cervantes 2003.

El Quilmes Rock vivió El Reino del Revés

Al ritmo del pop-punk, El Reino del Revés, tal como dice el titulo que lleva el disco debut de Corto Plazo, producido por Lucas Leyes (KYOSKO). Producción musical que tiene varios condimentos importantes, como la participación de Marcelo Corvalán "Corvata" (Carajo), Esteban Kubista (KYOSKO) y el mismoLucas Leyes.


Corto en acción en el Quilmes Rock

Tras pasar por una votación donde participaron mas de 1.200 bandas, Corto Plazo quedó entre los 5 finalistas del Concurso de Bandas Quilmes Rock 2011. La final del concurso se llevó a cabo en La Trastienda Club de Buenos Aires, con un jurado compuesto por dos destacados periodistas del rock argentino: Gustavo Olmedo (Rock&Pop), Bebe Contepomi (La Viola/TN) y dos miembros de la productora Pop-Art, encargada de organizar el festival.

Luego de interpretar En parte puedo ver, Perdóname yEl Reino del Revés, canciones del primer disco, el jurado decidió otorgarle el premio a Corto Plazo, permitiéndoles participar del festival Quilmes Rock 2011, el mismo día que se presentó Jamiroquai, siendo la única banda con temática cristiana del festival de rock mas importante de Argentina.

En 2010 la banda tuvo un total de 40 fechas, entre ellas la oportunidad de compartir escenario con Mike Herrera (MxPx) no solo oficiando de banda telonera, sino también acompañando al reconocido músico en el tema "Doing Time" de MxPx. Al poco tiempo en Noviembre de 2010 Corto Plazo hizo un concierto lanzamiento de El Reino del Revés, y terminó el 2010 llevando el disco a diferentes lugares, entre ellos un concierto en un estadio de la mano del Rev. Omar Cabrera, en la celebración de fin de año de la Iglesia Visión de Futuro.


Orando por Facu, un chico impactado por las canciones de Corto Plazo

El 2011 arrancaron nuevamente en Santa Fe y se encontraron con la sorpresa de haber agotado todos los discos, obligando a la banda a hacer un re-lanzamiento de El Reino del Revés.

Este año Corto Plazo celebra sus primeros 100 conciertos en vivo, teniendo por delante dos fechas importantes, el sábado 17 de Julio en Chaco, y el miércoles 27 de Julio en El Teatro Flores, donde compartirán escenario con Yellowcard, banda icono del punk que viene al país a presentar su mas reciente álbum "When You're Through Thinking, Say Yes".

Conoce más acerca de Corto Plazo en www.cortoplazo.net
Adquiere su disco a traves de Ituneshttp://itunes.apple.com/us/album/el-reino-del-reves/id407727213
Enviado por Noti-Prensa

VERLAINE, NOCHE PRIMERA. de: Alexander Jesus Rozo



Afuera sopla el viento leve. Un aire cálido llena la estancia. Las pocas luces encendidas que vislumbro desde el balcón insinúan conversaciones prolongadas, lectores impenitentes, sueños distraídos o amores iluminados. ¿Hay acaso alguno que no lo sea, aun los mas oscuros?. La ciudad se extiende en el reposo. El mar ruge y en su vaivén le da a cada tanto un beso furtivo a la playa tranquila. En sus incontables arenas no hay nadie. La noche es atravesada por un espectro solitario. A lo lejos, el tono del agua va oscureciendo y el azul claro del dia que torna verde el horizonte hacia la tarde, y deriva en gris con el ocaso, espesa lentamente hasta el negro. La inmensidad a esta hora es una ley inapelable y la sustancia que forja mi mirada. Y pienso. Hay personas que van entrando en nuestros dias sin que nos demos cuenta. Primero es un rostro bello, la calidez de una palabra, esa extraña confianza que nos sorprende. Empiezan por robarnos la atención, el tiempo, una sonrisa. Se nos aparece en ellas un enigma propio o un secreto revelado un anhelo pendiente o la inocencia perpetua. ¡Como si fuera posible! Dios lo sabe, pasan por nuestras vidas como un sol resplandeciente o el olor de las flores. Se esconden en la música que nos llega o refulgen en la luna llena, y acaban por devolvernos las ilusiones, el misterio y el sueño. El amor es un ladrón pródigo, y un hombre enamorado es como aquel cazador que en medio de la noche se descubre prisionero de su propio ardid en un bosque de magia y de trueno, de encantamiento y de miedo. No huye. No quiere. No puede. Adquiere conciencia de su destino y está dispuesto a cumplirlo.

Duermes. Tu respiración es profunda, agitada, oceánica. Miro al suelo: el cenicero colmado, la botella de vino vacia, la ropa en desorden, la vela extinta. Alguien podría pensar que hubo una guerra, porque ignora el ritual. Minutos antes que ahora son eternidad, su pábilo fué la medida del tiempo y su luz testigo de las fuerzas telúricas que desatan las caricias de los dioses creadores en el cuerpo ajeno. Y cada mano conoció el vértigo, y cada beso inauguró el mundo, y cada abrazo cercó el vacio, y cada sonido rasgó el velo. Cada minuto se llenó de si en la plenitud del momento bajo el auspicio del silencio. La poesía se quedó afuera porque nos fué dado el lenguaje de los animales. Y ahora duermes. Y tu sueño es el mio porque estamos juntos, porque la distancia fue abolida y se cumplió el plazo, porque mis manos te esperaron con paciente sabiduría, porque mis besos aprendieron para ti en otros labios sin siquiera sospecharlo, porque tu voz me alentó desde lejos y me diste una pista cada dia para llegar hasta ti. Ahora se que tu naciste primero, que mi deber es remontar el rio hasta tu ensenada de furia y de juego, de selva densa y virgen ocultando la edad de todos los tiempos. Porque tu eres el fuego y yo el agua, levanto la mirada al cielo, cierro la ventana, dejo la pluma, y como quien tiende una elipsis sobre la felicidad de la piel de su propio destino, te cubro con la sábana para dormir a tu diestra sagrada.

Alex

"DESTELLOS" X


Una enorme guitarra vegetal creada solamente por amor



GENERAL LEVALLE, Argentina-


Los pilotos miran a menudo con incredulidad cuando vuelan por primera vez sobre esta localidad en las fértiles pampas. Allí, en la monótona llanura, hay una arboleda de cipreses y eucaliptos en forma de una gigantesca guitarra. Tiene aproximadamente un kilómetro de largo.

Detrás de la gran guitarra de las pampas, y los aproximadamente 7.000 árboles que la componen, hay una historia de amor que tomó un giro trágico.

La arboleda con los contornos de una guitarra es obra de Pedro Martín Ureta, un productor agropecuario que ahora tiene 70 años. La obra paisajística es un homenaje a su difunta esposa, Graciela Yraizoz, quien murió en 1977 a los 25 años.


"Es increíble ver un diseño tan cuidadosamente planeado, a tanta distancia abajo", dice Gabriel Pindek, piloto comercial de Austral Líneas Aéreas. "No hay otra cosa así".

Ureta, de una familia estanciera con hondas raíces aquí, fue un bohemio en su juventud. Viajó a Europa y se codeó con artistas y revolucionarios. Tras volver al país a finales de los años 60, a los 28 años, fue cautivado por Yraizoz, quien apenas tenía 17 años.

El párroco local casi se niega a celebrar la boda, recuerda Ureta, ya que no creía que el estanciero parecía lo suficientemente comprometido para amar a Yraizoz "todos los días" de su vida. Pero Ureta demostró ser extraordinariamente devoto a Yraizoz, dicen sus amigos e hijos, y la unión fue feliz, aunque breve.

"Ella era muy emprendedora, vivía haciendo cosas", dice Soledad, de 38 años, uno de los cuatro hijos del matrimonio. "Ella ayudó a guiar a mi papá. Vendía ropa".

Un día durante un vuelo sobre la llanura pampeana, Yraizoz divisó un campo que, por obra de una peculiaridad topográfica, desde el aire parecía un balde, cuentan sus hijos. Fue entonces cuando ella comenzó a pensar en diseñar la propia finca de la familia en la forma de una guitarra, un instrumento que adoraba.

"Mi padre era muy joven, y estaba ocupado con su trabajo y sus propios planes", dice su hijo menor, Ezequiel, de 36 años. "Él decía 'después, hablemos después'".

Yraizoz, sin embargo, no tenía mucho tiempo para esperar. Un día en 1977, se desmayó. Había sufrido una ruptura de aneurisma cerebral, un debilitamiento en la pared de un vaso sanguíneo que terminó por explotar. Murió poco después, mientras llevaba en el vientre a quien hubiera sido el quinto hijo de la pareja.

Hoy, Ureta dice que la muerte de su mujer orientó su vida en una dirección más filosófica. Dice que se retrajo un poco. Leyó sobre el budismo. Ureta parafrasea un verso del cantautor y escritor Atahualpa Yupanqui que le quedó grabada en la cabeza: Galopaba mucho y lo mismo llegué tarde.

Unos años después de la muerte de su Graciela, Ureta decidió cumplir con sus deseos sobre el diseño de la estancia. Como los paisajistas con los que consultó estaban predeciblemente desconcertados, se hizo cargo del trabajo.

La mayor parte de la guitarra, como el cuerpo y la boca en forma de estrella, está hecha de cipreses. Ureta plantó seis filas de eucaliptos para que hicieran de cuerdas, cuyo tono azulado ofrecía un contraste desde la altura.

Plantar la guitarra fue un trabajo de toda la familia, y hacer que los jóvenes árboles crecieran fue más difícil.

Las liebres y los cuises destruían las frágiles plantas. "Es una zona semiárida y hay vientos fuertes y sequías", dice el estanciero. "Tuve que sembrar y resembrar y casi abandoné el proyecto".

Finalmente, Ureta tuvo una inspiración. Puso algunos metales de desecho y mangas protectoras en torno a los jóvenes árboles.

Cuando los árboles finalmente comenzaron a crecer, María Julia, la hija de 39 años, dice que fue lo más parecido posible a que la madre volviera a vivir.

Mientras se ocupaba de los árboles, Ureta estaba criando cuatro hijos. Todos los días, manejaba unos 15 kilómetros en su camioneta pickup para llevarlos a la escuela. Cuando la pickup se estancaba en el barro durante la temporada de lluvias, usaba un caballo para sacarla.

Hoy, el hijo mayor, Ignacio, de 42 años, es ingeniero; María Julia es representante farmacéutica; Soledad es profesora de educación especial; y Ezequiel es veterinario. Tiene nueve nietos.

Ureta espero un largo tiempo después de la muerte de Graciela para entablar una nueva relación seria, dicen sus hijos. En los 90, empezó a salir con María de los Ángeles Ponzi, que está a cargo de la farmacia del pueblo. No han contraído matrimonio, pero tienen una hija de 11 años, Manuela. Ponzi dice que aprecia la belleza del tributo a la primera esposa de su pareja.

Ureta nunca ha visto la gran guitarra desde el cielo, excepto en fotos. Teme volar.

En Google Maps:
http://maps.google.com/maps?ll=-33.866908,-63.986097

Miseria digna: rock clásico pop desde Olivos - Bs As - Argentina


Miseria Digna
De Olivos, Buenos Aires.
Banda que hace rock clásico pop mezclando varios estilos.

Conformada por:
Mariano Sena - Voz y guitarra
Facundo Urbano - Bateria
Marcos Panero - Bajo
Agustín Besteiro - Guitarra y voz

www.myspace.com/miseriadigna

"DESTELLOS" IX


Borges y la Música. Recortes. 2004






Lo que sigue me lo mandó mi amigo Martín y es un fragmento de una charla dada por María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, en el Ecocentro de Puerto Madryn, Argentina:


(Pregunta del público) ¿Podría compartir con nosotros algunas reflexiones sobre Borges y la música?


Borges tenía un gusto muy especial con respecto a la música y sus opiniones, a veces, escandalizaban a la gente. Él decía que Beethoven no le gustaba y que la ópera era algo disparatado. Su preferencia era la música medieval, de cámara, Brahms, Bach, las músicas folclóricas griegas, japonesas y la milonga y los tangos de la guardia vieja porque consideraba que esos tangos tenían otro espíritu, otra esencia. A él no le gustaba Gardel porque pensaba que con Gardel el tango se había hecho llorón y sentimental, dos cosas que él detestaba también en la literatura.


Sus gustos iban desde los Beatles hasta Pink Floyd, pasando por los Rolling Stones.


Del film The Wall (Pink Floyd) sabía los diálogos de memoria, le encantaba su música y decía que tenía una fuerza especial y que lo hacía sentir muy bien.


En Madrid, en el Hotel Palace, estábamos esperando que nos pasaran a buscar para cenar y de pronto veo a Mick Jagger que se arrodilla al lado de Borges y le dice:


- Maestro yo lo admiro y leí toda su obra.


- ¿Quién es usted, señor? Le pregunta Borges.


- Mick Jagger, contesta el músico.


- Ah, uno de los Rolling Stones, dice Borges.


Mick Jagger casi se desmaya y le pregunta:


- ¿Cómo maestro, usted me conoce?


- Sí, lo conozco y conozco lo que usted hace gracias a María que me permitió descubrirlo.


Borges no tocaba música. Decía que era sordo musical. Le gustaba mucho el jazz, el flamenco y los negro spirituals. Cuando viajábamos a New Orleans, íbamos al Preservation Hall y escuchábamos jazz.


http://cadorna.en-hosting.net

Festival musical no Metrô de São Paulo - 27 Maio


Projeto Encontros e gravadora YB reúnem músicos em
show gratuito às sextas-feiras

A Cinemagia, gestora do projeto Encontros, e a gravadora ybmusic promovem pelo segundo mês consecutivo um festival musical na Estação Paraíso do Metrô. Sempre às sextas-feiras, o objetivo do festival é transformar a hora do rush num momento de diversão e cultura. "Escolhemos a última sexta-feira do mês, para que o público possa encerrar a semana e também o mês com chave de ouro", explica Vera Barbosa, diretora artística do projeto Encontros. "Antes de voltar para casa, as pessoas têm 3 horas de música da melhor qualidade, ali, na estação do Metrô", acrescenta ela.

No dia 27 de maio, a partir das 18h, o palco do Encontros vai receber Roger W.Lima, seguido por Bruno Batista, às 19h. Saulo Duarte e A Unidade encerram a noite em grande estilo, a partir das 20h. Tanto Saulo quanto Bruno estãolançando seus novos CDs e apresentarão músicas inéditas.

No mês de estréia, em abril, o festival teve a participação de Roger Lima, Bruno Morais, Flu, Lulina, Blubell, Silvia Tape e Dudu Tsuda com participação especial de Juliana R. Mais de mil pessoas estiveram presentes nas duas primeiras edições, dias 1º e 15 daquele mês. "É uma oportunidade de mostrar o meu trabalho para um público que não conhece minha música", explica Bruno Morais.

Paraíso cultural

Os shows acontecem na estação Paraíso, ao lado da plataforma de embarque para o Tucuruvi, num espaço especialmente criado para atividades culturais. Estas e todas as apresentações do projeto Encontros são gratuitas. "O projeto ocupa de forma criativa um espaço de circulação como o Metrô", elogia Dudu Tsuda, um dos músicos que se apresentaram.

Sobre o projeto Encontros

Numa iniciativa inédita no mundo, o projeto Encontros transforma as estações do Metrô de São Paulo em espaços culturais, com atrações gratuitas. A primeira estação inaugurada foi a Paraíso, em outubro de 2010, após a Cinemagia vencer a licitação para gerir o projeto por 10 anos. Ao todo, 18 estações serão contempladas, levando cultura para todas as regiões da cidade de São Paulo. Shows musicais, cinema, espetáculos de dança, teatro, exposições permanentes e itinerantes, oficinas culturais e muitas outras atividades fazem parte da programação, acessível a cerca de 4 milhões de pessoas que circulam diariamente pelo Metrô..

Sobre a Cinemagia

A Cinemagia cria espaços especiais para sessões de cinema em praças públicas, ginásios, praias, clubes, escolas ou estacionamentos. Fundada em 2002, empresa é líder no setor de cinema itinerante. Mensalmente, a Cinemagia promove, em média, 600 sessões gratuitas de cinema. Em São Paulo, por exemplo, 46 Centros Educacionais Unificados (CEUs) fazem uso do serviço, beneficiando os estudantes da rede municipal de ensino, suas famílias e a comunidade local. As sessões de cinema promovidas pela Cinemagia são gratuitas ao público e podem chegar a 3 mil pessoas por sessão. Os recursos são captados junto a patrocinadores e instituições públicas.

Sobre a ybmusic

A gravadora nasceu como resultado da circulação de músicos pela produtora ybmusic. Desde 1999, o selo lança música nova no cenário brasileiro, gravando o primeiro disco da Nação Zumbi sem o vocalista Chico Science, o primeiro disco de Otto depois da sair do Mundo Livre S/A, Trio Mocotó e inéditos como Instituto e Anvil FX, além de nomes como Tulipa Ruiz, Lucas Santtana, Curumin, Romulo Fróes, Che, dentre outros. A yb produziu ainda alguns dos mais originais trabalhos de música erudita feitos no Brasil, como o songbook de canções de Arrigo Barnabé, Duo Quanta e a obra de Ernesto Nazareth.

SERVIÇO:

Encontros Musicais com YB
27 de Maio de 2011, das 18h às 21h
18h - Roger W. Lima
19h - Bruno Batista
20h - Saulo Duarte e A Unidade
Estação Paraíso do Metrô (Rua Vergueiro, 1465) - plataforma de embarque Tucuruvi
Entrada GRATUITA

Des rues sous la mer - Louis Raoul


Des rues sous la mer
Louis Raoul
poésie

"Des rues sous la mer dont on aurait oublié la résonance des pas familiers. Si nous y retournons c'est en songe, avec le sel de l'Octroi et la promesse qu'un jour, nous aurons la pâleur qu'il faut pour être de ceux-là."

Après "tous ces jours à la renverse", dans les rues, ceux qu'on croise, le silence, la solitude, l'attente. Mais toujours les mots, "toujours vers ces récites de l'immobile".

http://www.lechasseurabstrait.com/

De la Escuela de Dirección Musical "Maestro Navarro Lara"


Estimado amigo:

Nos complace informarle de que ya está abierto el Plazo de Matriculación para el Curso 2011/2012.
Nuestra Escuela le ofrece formación en Dirección de Orquesta y en Dirección de Banda con Diploma de Licenciado en Dirección por la Royal Schools of Music.
Utilizamos la Metodología Semipresencial de tal forma que pueda ser compatibilizada con su vida laboral y familiar, sin que la distancia física ni geográfica sea un inconveniente.
Para matricularse no es necesario poseer ninguna titulación previa.
Le rogamos tenga la amabilidad de conocernos 
visitando nuestra web en http://www.musicum.net

"DESTELLOS" VIII


Te tengo de: Pedro Pablo Vergara Meersohn


 Te tengo
atrapada 
en el pecho.
Presente, 
ausente.
Viva
y latente.
Cerca
y lejana.
Imposible
y desnuda, 
de agua 
y de fuego.
Eres mi luz, 
el viento, 
el alba.
El abrazo
crepuscular.
La tarde 
que se esfuma, 
la luna 
que llama.
La ola 
que se rompe 
en la arena
mojada
de besos.

Pedro

"DESTELLOS" VII


GRITA FUERTE de: Lorenzo Cabrera



 Romper las ligaduras de la noche,
la memoria asfaltada de recuerdos,
las promesas son copas rotas
que salpican de sangre los cuadernos.
Caravanas de miradas se clavan en las espaldas,
con ojos saturados de vigas y de cruces.
Ríos de nada llenan vacíos,
y un dios grita sólo en el desierto.
Grita y grita… y grita fuerte
hasta que los sordos puedan escuchar.
Las miradas serán ríos que
inundaran de amor las ciudades;
las voces serán vientos
que arrasarán los muros sin cimientos;
las manos serán llamas
que entibiaran los glaciares de las almas.
Mientras tanto:
y grita y grita… y grita más fuerte…

Lorenzo Kabrera – otoño 2011

"DESTELLOS" VI


Los guardianes del Paraíso - un relato de Daniel Aníbal Galatro


Había una vez, allá en el sur, una comarca recostada contra una enorme y altiva cordillera que mucho tiempo atrás había tallado el universo.

Era un lugar hermoso, muy hermoso. Tanto, que algunos lo consideraban una antesala del Paraíso prometido.
La vida florecía sin prisas ni pausas en esa región del mundo.
Pero un día llegaron hombres ambiciosos que golpearon duramente a quienes desde hacía siglos habitaban esas tierras.
Ocuparon lo que no era suyo para usar del lugar y de sus frutos.
Y nada pudo hacerse entonces.
El tiempo, que todo lo cura, se ocupó de que las heridas comenzaran a convertirse poco a poco en cicatrices.
Podía haber un futuro venturoso para quienes con buena voluntad lograran una distribución justa de todas esas maravillas.
Pasaron muchos años. Los abrojales iniciales se hicieron pueblos. Los senderos, calles, avenidas y caminos.
Pero otro día llegaron otros hombres ambiciosos atraídos por las riquezas que el suelo de aquella comarca podía proveerles.
Sin amor alguno por el lugar ni por la vida que allí persistía en seguir floreciendo.
Sólo el oro. Sólo todas las formas de oro que también abundaban bajo la superficie de esa antesala del Paraíso.
E intentaron extraer de sus entrañas lo que les era tan valioso.
Y pretendieron hacerlo de una forma que destruiría sin piedad la esencia más pura de esa naturaleza que engalanaba aquella porción de planeta situada allá en el sur.
Pero esta vez los Adanes y las Evas de ese Edén dijeron "no".
Aunque los alerces parecieron llenarse de serpientes que les ofrecían extrañas manzanas con rostros de próceres ajenos a cambio de su valiosa pureza, no cedieron.
Primero fueron solamente algunos ancianos sabios los que percibieron el peligro.
Pronto se sumaron a ellos otros que iban comprendiendo de qué se trataba.
La supervivencia de esa comarca que alguna vez fuera usurpada a sus primitivos ocupantes, estaba ahora en manos de ellos, los nuevos originarios que la historia había designado.
Así fueron muchos los que se negaron a ceder. Porque esta vez nadie iba a convertirse en verdugo para dañar ese lugar hermoso, muy hermoso, ni a sus habitantes humanos, animales y vegetales.
Tan milagrosamente como había sido creada mucho tiempo atrás esa porción de planeta, quienes debían defenderla comenzaron a mover sus cabezas hacia un lado y hacia el otro, en una muestra de indubitable negación.
Y ese "no" con que cerraban la puerta a los nuevos invasores fue percibido por ellos, por quienes los habían enviado, por quienes los habían favorecido, por muchos en el mundo que comprendieron que se podía enfrentar a esos hombres ambiciosos si los guardianes de los Paraísos eran muchos, eran fuertes y estaban firmemente unidos.
Por eso aún existe ese lugar hermoso, muy hermoso, allá en el sur. Esa comarca recostada contra una enorme y altiva cordillera que mucho tiempo atrás había tallado el universo.
Y que tenía ahora una nueva riqueza recuperada: la dignidad.

Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina
http://esquelintimo.blogspot.com

Arte Latino presenta "Regresa" en Bruselas (Bélgica)

Madame, Monsieur,
Chers amis,

Tout d’abord, un grand merci pour vos nombreux messages d’encouragement et soutien à l’occasion du concert de présentation du nouvel album ‘Regresa’ du groupe Arte Latino.

Comme vous le savez, Arte Latino présentera très prochainement son nouvel album dans lequel vous trouverez des nombreuses compositions originales et des rythmes forts populaires des pays de la Cordillère des Andes (sanjuanitos, albazos, huaynos, zambas, tinkus, caporales…).

En attendant le concert, nous vous convions à regarder l’invitation vidéo que le directeur du groupe, César Guzmán, a spécialement préparé pour vous. Pour cela, il vous suffit de cliquer sur l’image ci-dessus.

Enfin, pour vous procurer vos places, envoyez un e-mail à info@elandino.be avec votre nom, prénom, e-mail, GSM et le nombre de places souhaitées (Prévente : 13 € / Sur place : 15€).

Au plaisir de vous retrouver toujours aussi nombreux le vendredi 17 juin à 19h00 au Palais des Beaux-Arts de Bruxelles !

Luis Barbaran
0032/(0)484.62.72.70
info@elandino.be
www.elandino.be

El jardín de los senderos que se bifurcan

A Victoria Ocampo

En la página 242 de la Historia de la Guerrra Europea de Lidell Hart, se lee que una ofensiva de trece divisiones británicas (apoyadas por mil cuatrocientas piezas de artillería) contra la línea Serre-Montauban había sido planeada para el 24 de julio de 1916 y debió postergarse hasta la mañana del día 29. Las lluvias torrenciales (anota el capitán Lidell Hart) provocaron esa demora —nada significativa, por cierto. La siguiente declaración, dictada, releída y firmada por el doctor Yu Tsun, antiguo catedrático de inglés en la Hochschule de Tsingtao, arroja una insospechada luz sobre el caso. Faltan las dos páginas iniciales.







“... y colgué el tubo. Inmediatamente después, reconocí la voz que había contestado en alemán. Era la del capitán Richard Madden. Madden, en el departamento de Viktor Runeberg, quería decir el fin de nuestros afanes y —pero eso parecía muy secundario, o debería parecérmelo— también de nuestras vidas. Quería decir que Runeberg había sido arrestado o asesinado[1]. Antes que declinara el sol de ese día, yo correría la misma suerte. Madden era implacable. Mejor dicho, estaba obligado a ser implacable. Irlandés a las órdenes de Inglaterra, hombre acusado de tibieza y tal vez de traición ¿cómo no iba a brazar y agradecer este milagroso favor: el descubirmiento, la captura, quizá la muerte de dos agentes del Imperio Alemán? Subí a mi cuarto; absurdamente cerré la puerta con llave y me tiré de espaldas en la estrecha cama de hierro. En la ventana estaban los tejados de siempre y el sol nublado de las seis. Me pareció increíble que es día sin premoniciones ni símbolos fuera el de mi muerte implacable. A pesar de mi padre muerto, a pesar de haber sido un niño en un simétrico jardín de Hai Feng ¿yo, ahora, iba a morir? Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente me pasa me pasa a mí... El casi intolerable recuerdo del rostro acaballado de Madden abolió esas divagaciones. En mitad de mi odio y de mi terror (ahora no me importa hablar de terror: ahora que he burlado a Richard Madden, ahora que mi gasrganta anhela la cuerda) pensé que ese guerrero tumultuoso y sin duda feliz no sospechaba que yo poseía el Secreto. El nombre del preciso lugar del nuevo parque de artillería británico sobre el Ancre.Un pájaro rayó el cielo gris y ciegamente lo traduje en un aeroplano y a ese aeroplano en mucho (en el cielo francés) aniquilando el parque de artillería con bombas verticales. Si mi boca, antes que la dehiciera un balazo, pudiera gritar ese nombre de modo que los oyeran en Alemania... Mi voz humana era muy pobre. ¿Cómo hacerla llegar al oído del Jefe? Al oído de aquel hombre enfermo y odioso, que no sabía de Runeberg y de mí sino que estábamos en Staffordshire y que en vano esperaba noticias nuestras en su árida oficina de Berlín, examinando infinitamente periódicos... Dije en voz alta: Debo huir. Me incorporé sin ruido, en una inútil perfección de silencio, como si Madden ya estuviera acechándome. Algo -tal vez la mera ostentación de probar que mis recursos eran nulos—me hizo revisar mis bolsillos. Encontré lo que sabía que iba a encontrar. El reloj norteamericano, la cadena de níquel y la moneda cuadrangular, el llavero con las comprometedoras llaves inútiles del departamento de Runeberg, la libreta, un carta que resolví destruir inmediatamente (y que no destruí), el falso pasaporte, una corona, dos chelines y unos peniques, el lápiz rojo-azul, el pañuelo, el revólver con una bala. Absurdamente lo empuñé y sopesé para darme valor. Vagamente pensé que un pistoletazo puede oírse muy lejos. En diez minutos mi plan estaba maduro. La guía telefónica me dio el nombre de la única persona capaz de transmitir la noticia: viviía n un suburbio de Fenton, a menos de media hora de tren.






Soy un hombre cobarde. Ahora lo digo, ahora que he llevado a término un plan que nadie no calificará de arriesgado. Yo sé que fue terrible su ejecución. No lo hice por Alemania, no. Nada me importa un país bárbaro, que me ha obligado a la abyección de ser un espía. Además, yo sé de un hombre de Inglaterra —un hombre modesto— que para mí no es menos que Goethe. Arriba de una hora no hablé con él, pero durante una hora fue Goethe... Lo hice, porque yosentía que el Jefe tenía en poco a los de mi raza -a los innumerables antepasados que confluyen en mí. Yo quería probarle que un amarillo podía salvar a sus ejércitos. Además, yo debía huir del capitán. Sus manos y su voz podían golpear en cualquier momento a mi puerta. Me vestí sin ruido, me dije adiós en el espejo, bajé, escudriñé la calle tranquila y salí. La estación no distaba mucho de casa, pero juzgué preferible tomar un coche. Argüí que así corría menos peligro de ser reconocido; el hecho es que en la calle desierta me sentía visible y vulnerable, infinitamente. Recurdo que le dije al cochero que se detuviera un poco antes de la entrada central. Bajé con lentitud voluntaria y casi penosa; iba a la aldea de Ashgove, pero saqué un pasaje para una estación más lejana. El tren salía dentro de muy pocos minutos, a las ocho y cincuenta. Me apresuré: el próximo saldría a las nueve y media. No había casi nadie en el andén. Recorrí los coches: recuerdo a unos labradores, una enlutada, un joven que leía con fervor los Anales de Tácito, un sodado herido y feliz. Los coches arrancaron al fin. Un hombre que reconocí corrió en vano hasta el límite del andén. Era el capitán Richard Madden.







Aniquilado, trémulo, me encogí en la otra punta del sillón, lejos del temido cristal.
De esa aniquilación pasé a una felicidad casi abyecta. Me dije que estaba empeñado mi duelo y que yo había ganado el primer asalto, al burlar, siquiera por cuarenta minutos, siquiera por un favor del azar, el ataque de mi adversario. Argüi que no era mínima, ya que sin esa diferencia preciosa que el horario de trenes me deparaba, yo estaría en la cárcel, o muerto. Argüí (no menos sofísticamente) que mi felicidad cobarde probaba que yo era hombre capaz de llevar a buen término la aventura. De esa debilidad saqué fuerzas que no me abandonaron. Preveo que el hombre se resignarña cada día a empresas más atroces; pronto no habrá sino guerreros y bandoleros; les doy este consejo: El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado. Así procedí yo, mentras mis ojos de hombre ya muerto registraban la fluencia de aquel día que era tal vez el último, y la difusión de la noche. El tren corría con dulzura, entre fresnos. Se detuvo, casi en medio del campo. Nadie gritó el nombre de la estación. ¿Ashgrove? les pregunté a unos chicos en el andén. Ashgrove, contestaron. Bajé. Una lámpara ilustraba el andén, pero las caras de los niños quedaban en la zona de la sombra. Uno me interrogó: ¿Usted va a casa del doctor Stephen Albert?. Sin aguardar contestación, otro dijo: La case queda lejos de aquí, pero usted no se perderá si toma ese camino a la izquierda y en cada encrucijada del camino dobla a la izquierda. Les arrojé una moneda (la última), bajé unos escalones de piedra y entré en el solitario camino. Éste, lentamente, bajaba. Era de tierra elemental, arriba se confundían las ramas, la luna baja y circular parecía acompañarme. Por un instante, pensé que Richard Madden había penetrado de algún modo mi desesperado propósito. Muy pronto comprendí que eeso era imposible. El consejo de siempre doblar a la izquierda me recordó que tal era el procedimiento común para descubrir el patio central de ciertos laberintos. 







Algo entiendo de laberintos: no en vano soy bisnieto de aquel Ts'ui Pên, que fue gobernador de Yunnan y que renunció al poder temporal para escribir una novela que fuera todavía más populosa que el Hung Lu Meng y para edificar un laberinto en el que se perdieran todos los hombres. Trece años dedicó a esas heterogéneas fatigas, pero la mano de un forastero lo asesinó y su novela era insensata y nadie encontró el laberinto. Bajo árboles ingleses medité en ese laberinto perdido: lo imaginé inviolado y perfecto en la cumbre secreta de una montaña, lo imaginé borrado por arrozales o debajo del agua, lo imaginé infinito, no ya de quioscos ochavados y de sendas que vuelven, sino de ríos y provincias y reinos... Pensé en un laberintode laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes , olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El vago y vivo campo, la luna, los restos de la tarde, obraron en mí; asimismo el declive que eliminaba cualquier posibilidad de cansancio. La tarde era íntima, infinita.El camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del viento, empañada de hojas y de distancia. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines,cursos de agua, ponientes. Llegué, así, a un alto portín herrumbrado. Entre las rejas descifré una alameda y una especie de pabellón. Comprendí, de pronto, dos cosas, la primera trivial, la segunda casi increíble: la música venía del pabellón, la música era china. Por eso, yo la había aceptado con plenitud, sin prestarle atención. No recuerdo si había una campana o un timbre o si llamé golpeando las manos. El chisporroteo de la música prosiguió. Pero del fondo de la íntima casa un farol se acercaba: un farol que rayaban y a ratos anulaban los troncos, un farol de papel, que tenía la forma de los tambores y el color de la luna. Lo traía un hombre alto. No vi su rostro, porque me cegaba la luz. Abrió el portón y dijo lentamente en mi idioma:





—Veo que el piadoso Hsi P'êng se empeña en corregir mi soledad. ¿Usted sin duda querrá ver el jardín?
Reconocí el nombre de uno e nuestros cónsules y repetí desconcertado:
—¿El jardín?
—El jardín de los senderos que se bifurcan-
Algo se agitó en mi recuerdo y pronuncié con incomprensible seguridad:
—El jardín e mi antepasado Ts'ui Pên.
—¿Su antepasado? ¿Su ilustre antepasado? Adelante.
El húmedo sendero zigzagueaba como los de mi infancia. Llegamos a una biblioteca de libros orientales y occidentales. Reconocí, encuadernados en seda amarilla, algunos tomos manuscritos de la Enciclopedia Perdida que dirigió el Tercer Emperador e la Dinastía Luminosa y que no se dio nunca a la imprenta. El disco del gramófono giraba junto a un fénix de bronce. Recuerdo también un jarrón de la familia rosa y otro, anterior de muchos siglos, de ese color azul que nuestros antepasados copiaron de los alfareros de Persia...
Stephen Albert me observaba, sonriente. Era (ya lo dije) muy alto, de rasgos afilados, de ojos grises y barba gris. Algo de sacerdote había en él y también de marino; después me refirió que había sido misionero en Tientsin “antes de aspirar a sinólogo”.
Nos sentamos; yo en un largo y bajo diván; él de espaldas a la ventana y a un alto reloj circular. Computé que antes de una hora no llegaría mi perseguidor, Richard Madden. Mi determinación irrevocable podía esperar.
Asombroso destino el de Ts'ui Pên —dijo Stephen Albert—.
—Gobernador de us provincia natal, docto en astronomía, en astrología y enm la interpretación infatigable de los libros canónicos, ajedrecista, famoso poeta y calígrafo: todo lo abandonó para componer un libro y un laberinto. Renunció a los placeres de la opresión, de la justicia, del numeroso lecho, de los banquetes y aun de la erudición y se enclaustró durante trece años en el Pabellón de la Límpida Soledad. A su muerte, los herederos no encontraron sino manuscritos caóticos. La familia, como acaso no ignora, quiso adjudicarlos al fuego; pero su albacea —un monje taoísta o budista— insistió en la publicación. —Los de la sangre de Ts'ui Pên -repliqué— seguimos execrando a ese moje. Esa publicación fue insensata. El libro es un acervo indeciso de borradores contradictorio. Lo he examinado alguna vez: en el tercer capítulo muere el héroe, en el cuarto está vivo. En cuanto a la otra empresa de Ts'ui Pên, a su Laberinto...






-Aquí está el Laberinto -dijo indicándome un alto escritorio laqueado.
—¡Un laberinto de marfil! -exclamé-. Un laberinto mínimo...
—Un laberinto de símbolos -corrigió-. Un invisible laberinto de tiempo.
A mí, bárbaro inglés, me ha sido deparado revelar ese misterio diáfano. Al cabo de más de cien años, los pormenores son irrecuperables, pero no es difícil conjeturar lo que sucedió. Ts'ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto. El Pabellón de la Límpida Soledad se erguía en el centro de un jardín tal vez intrincado; el hecho puede haber sugerido a los hombres un laberinto físico. Ts'ui Pên murió; nadie, en las dilatadas tierras que fueron suyas, dio con el laberinto. Dos circunstancias me dieron la recta solución del problema. Una: la curiosa leyenda de que Ts'ui Pên se había propuesto un laberinto que fuera estrictamente infinito. Otra: un fragmento de una carta que descubrí.
Albert se levantó. Me dio, por unos instantes, la espalda; abrió un cajón del áureo y renegrido escritorio. Volvió con un papel antes carmesí; ahora rosado y tenue y cuadriculado. Era justo el renombre caligráfico de Ts'ui Pên. Leí con incomprensión y fervor estas palabras que con minucioso pincel redactó un hombre de mi sangre: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Devolví en silencio la hoja.







Albert prosiguió:
—Antes de exhumar esta carta, yo me había preguntado de qué manera un libro puede ser infinito. No conjeturé otro procedimiento que el de un volumen cíclico, circular. Un volumen cuya última página fuera idéntica a la primera, con posibilidad de continuar indefinidamente. Recordé también esa noche que está en el centro de Las 1001 Noches, cuando la reina Shahrazad (por una mágica distracción del copista) se pone a referir textualmente la historia de Las 1001 Noches, con riesgo de llegar otra vez a la noche en que la refiere, y así hasta lo infinito. Imaginé también una obra platónica, hereditaria, transmitida de padre a hijo, en la que cada nuevo individuo agregara un capítulo o corrigiera con piadoso cuidado la página de sus mayores. Esas conjeturas me distrajeron; pero ninguna me parecía corresponder, siquiera de un modo remoto, a los contradictorios capítulos de Tsúi Pên. En esa perplejidad, me remitieron de Oxford el manuscrito que usted ha examinado.Me detuve, como es natural, en la frase: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts'ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones.Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo. Si se resigna usted a mi pronunciación incurable, leeremos unas páginas.






Su rostro, en el vívido círculo de la lámpara, era sin duda el de un anciano, pero con algo inquebrantable y aun inmortal. Leyó con lenta precisión dos redacciones de un mismo capítulo épico. En la primera un ejército marcha hacia una batalla a través de una montaña desierta; el horror de las piedras y de la sombra le hace menospreciar la vida y logra con facilidad la victoria; en la segunda, el mismo ejército atraviesa un palacio en el que hay una fiesta; la resplandeciente batalla le parece una continuación de la fiesta y logran la victoria. Yo oía con decente veneración esas viejas ficciones, acaso menos admirables que el hecho de que las hubiera ideado mi sangre y de que un hombre de un imperio remoto me las restituyera, en el curso de un desesperada aventura, en una isla occidental. Recuerdo las palabras finales, repetidas en cada redacción como un mandamiento secreto: Así combatieron los héroes, tranquilo eñ admirable corazón, violenta la espada, resignados a matar y morir.






Desde ese instante, sentí a mi alrededor y en mi oscuro cuerpo una invisible, intangible pululación. No la pululación de los divergentes, paralelos y finalmente coalescentes ejércitos, sino una agitación más inaccesible, más íntima y que ellos de algún modo prefiguraban. Stephen Albert prosiguió:
— — No creo que su ilustre antepasado jugara ociosamente a las variaciones. No juzgo verosímil que sacrificara trece años a la infinita ejecución de un experimento retórico. En su país, la novela es un género subalterno; en aquel tiempo era un género despreciable. Ts'ui Pên fue un novelista genial, preo también fue un hombre de letras que sin duda no se consideró un mero novelista. El testimonio de sus contemporáneos proclama —y harto lo confirma su vida— sus aficiones metafísicas, místicas. La controversia filosófica usurpa buena parte de su novela. Sé que de todos los problemas, ninguno lo inquietó y lo trabajó como el abismal problema del tiempo. Ahora bien, ése es el único problema que no figura en las páginas del Jatdín. Ni siquiera usa la palabra que quiere decir tiempo. ¿Cómo se explica usted esa voluntaria omisión?
Propuse varias soluciones; todas, insuficientes. Las discutimos; al fin, Stephen Albert me dijo:
—En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida?
Refelxioné un momento y repuse:
—La palabra ajedrez.
—Precisamente -dijo Albert-, El jardín de los senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el espacio; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre. Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla. Es el modo tortuoso que prefirió, en cadda uno de los meandros de su infatigable novela, el oblicuo Ts'ui Pên. He confrontado centenares de manuscritos, he corregido los errores que la negligencia de los copistas ha introducido, he conjeturado el plan de ese caos, he restablecido, he creído restablecer, el orden primordial, he traducido la obra entera: me consta que no emplea una sola vez la palabra tiempo. La explicación es obvia:El jardín de los senderos que se bifurcan es una imágen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravezar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.






—En todos —articulé no sin un temblor— yo agradezco y venero su recreación del jardín de Ts'ui Pên.
—No en todos -murmuró con una sonrisa-. El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros. En uno de ellos soy su enemigo.
Volví a sentir esa pululación de que hablé. Me pareció que el húmedo jardín que rodeaba la casa estaba saturado hasta lo infinito de invisbles personas. Esas personas eran Albert y yo, secretos, atareados y multiformes en otras dimensiones de tiempo. Alcé los ojos y la tenue pesadilla se disipó. En el amarillo y negro jardín había un solo hombre; pero ese hombre era fuerte como una estatua, pero ese hombre avanzaba por el sendero y era el capitán Richard Madden.
—El porvenir ya existe —respondí—, pero yo soy su amigo. ¿Puedo examinar de nuevo la carta?
Albert se levantó. Alto, abrió el cajón del alto escritorio; me dio por un momento la espalda. Yo había preparado el revólver. Disparé con sumo cuidado: Albert se desplomó sin una queja, inmediatamente. Yo juro que su muerte fue instantánea: una fulminación.
Lo demás es irreal, insignificante. Madden irrumpió, me arrestó. He sido condenado a la horca. Abominablemente he vencido: he comunicado a Berlín el secreto nombre de la ciudad que deben atacar. Ayer la bombardearon; lo leí en los mismos periódicos que propusierona Inglaterra el enigma de que el sabio sinólogo Stephen Albert muriera asesinado por un desconocido, Yu Tsun. El Jefe ha descifrado ese enigma. Sabe que mi problema era indicar (a través del estrépito de la guerra) la ciudad que se llama Albert y que no hallé otro medio que matar a una persona con ese nombre. No sabe (nadie puede saber) mi innumerable contrición y cansancio.

[1] Hipótesis odiosa y estrafalaria. El espía prusiano Hans Rabener alias Viktor Runeberg agredió con una pistola automática al portador de la orde de arrestro, capitán Richard Madden. Éste, en defensa propia, le causó heridas que determinaron su muerte.